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Eileen está muy guapa vista a través del agujero en la pared. Eso es lo que pensaba Florentino Ariza cada vez que veía a la señorita Margarita -"Señorita Margarita, ¿quiere usted un pomelo?", se repetía una y otra vez- a través del agujero de la pared, mientras era observado a través del agujero en la pared por la niña con orejas de conejo.
El cólera arrasaba los latifundios como las mentes crepusculares de los oficiantes de la Sagrada Asunción en Silent Hill, allá lejos en el tiempo y en el espacio. Crowley se divertía mientras los pobres campesinos londinenses cogían el metro todas las mañanas para acudir a sus paupérrimas parcelas de titanio.
Fermina, poco a poco y sin embargo, va conociendo las hieles del amor a manos de un gigantesco estudio sobre semántica editado por Crowley, a toda velocidad sobre las aguas del Ganges. Florentino almacenaba ingentes cantidades de pornografía homosexual en algunas regiones de su cerebro, y esto es importante porque García Marquez denuncia con esto; decía que García Marquez denuncia con esto la situación de abandono intelectual al que se entregan las nínfulas retorcidas sobre las palomitas como mantequilla grumosa en un autocine berlinés, yo también soy berlinés como dijo García Marquez en la célebre entrevista publicada por Peter Sotos en su no menos célebre primer número del igualmente célebre magazine Pure, si bien llamar magazine a un artefacto como Pure es análogo a decir que la gente no distingue entre obra y pensamiento, o a decir que
se me acabó el tiempo
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