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fijaos que comentario de uno que ya ha visto ep.III:
"Ta ta ta taaa, ta ta ta taaa! Y aquí están de nuevo. Hay que reconocer que se están poniendo un poco pesados con el rollo de los sables de láser y las máscaras de plástico. Esto va pareciendo ya un bazar de juguetes al por mayor más que una saga histórica de aventuras. Bueno, es fácil suponer que esta mera declaración de principios levantará indignaciones tan encendidas como la lava de Mustafar, el planeta volcánico creado esta vez por los geniecillos de Industrial Light & Magic, la factoría de efectos especiales de papá George. Pero atrevámonos a más: ¿se está agotando el invento? ¡que vuelva Harrison Ford! Vuelven las naves y vuelven los jedis y vuelven los ’wookies’. Y uno se sigue acordando de ’Blade Runner’.
¿No habría que pedirle al viejo mago Lucas que jubile a algunos de sus actores y busque otros? Es que, en serio, que alguien pueda pensar en el inocuo y desamparadito ’teenager’ Hayden Christiansen como rostro adecuado para encarnar a un príncipe del mal suena a chufla.
En ’La venganza de los Sith’, o sea, la tercera parte de la segunda tanda de tres partes de ’Star Wars’ (qué follón), este chico guapete y rubio lucha a brazo partido con su sable de marras, pero ¡ay! la cara de malo no le sale. Tampoco Ewan McGregor, con perdón, da más de sí como maestro Obi Wan.
Ayer vi el requeteansiado y superesperado ’Episodio III’ y, qué quieren que les diga: sí, es mucho mejor que las dos anteriores entregas, lo cual no es mucho decir teniendo en cuenta lo pelmas que eran los clones aquellos. Eso sí: hay algunos momentos aislados impagables que van a poner de rodillas a los ’fans starwareros’ como si Darth Vader estuviera a punto de rebanarles la azotea con su espada marca Acme.
En concreto: la entrada que el siempre entrañable y verdoso Yoda hace en el refugio del senador Palpatine forma parte, ya, de la galería de imágenes de la historia de la saga. Yoda da un toquecito en el suelo con su minúsculo bastón y, zas, los dos feroces guardianes que vigilan la entrada caen como inocentes hojas otoñales. Quién pillaría ese bastón para entrar en el despacho del jefe de cada uno, ¿eh?
Por lo demás, pues sí, es cierto: algunas de las imágenes dejan sin aliento. Salen muchos bichos. Uno de ellos parece un pollo gigante con plumas, y chilla sin parar. Los diseños de las maquetas son soberbios, y tal y cual. Y esos ¡2.000! planos de efectos especiales rodados por el equipo Lucas marean al más pintado. Tampoco hay que dejar pasar por alto que 20 empleados de la factoría Lucas curraron durante cuatro meses sólo en la secuencia del combate entre Yoda y Dark Sidius, el malísimo de la peli (encarnado por el actor Ian McDiarmid, que, con todos los respetos, se parece cantidad a Benedicto XVI, casi más que Luis Buñuel cuando era joven al Gran Wyoming)
Hay mucha pasta, trillones, metida en esta película. Hay mucha lucha y hay mucho ruido... pero nueces, las justas. ¿Y Francis Ford Coppola envió un mail a los jefazos del Festival de Cannes para que ’La venganza de los Sith’ concursara en la sección oficial, porque sostenía que tenía una parte oscura y dramática que la hacía acreedora a ello? Pfffffffffffffff... perdón: ¡Ta ta ta taaa, ta, ta, ta, taaa...!"
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