AleS, una joven promesa (de algo más de 30 años) del cómic almeriense.

Documento histórico: AleS un día que se puso a dibujar.
¿Quién es AleS? Pues nace como es lógico y natural a muy temprana edad. El lugar, Almería; el año, 1973. Y aunque fue bautizado (religiosamente) con un sonoro nombre de culebrón, Rafael Alejandro; sus amigos le llaman Rafa; sus compañeros de facultad, Amat; sus padres, Chiqui; su novia (que la tiene, para envidia de algunos), Alex; sus compañeros de trabajo, Alejandro; y él, para despistar aún más, firma sus cómics como AleS y se presenta siempre a la gente como Roberto.
La afición a dibujar le viene de pequeño, extensa prueba de ello la encontramos en la biblioteca familiar pudiendo decir que ha ilustrado a todos los clásicos (ni Doré podría competir con él en ese sentido). Ya por entonces comenzó el pequeño Rafa a ganar alguno que otro premio gracias a sus graciosos y sádicos garabatos. Una caja de colores, una medalla bañada en purpurina, una mochila, un papel en blanco con la palabra Diploma escrita, o una tremenda hostia al subir a una tarima fueron fueron algunos de ellos.
El primer tebeo que cayó en sus manos fue un Roberto Alcázar y Pedrín (comprado por el papá evidentemente). Sin embargo, y esto es lo importante, el primer cómic que se compró fue un número de Rom, se titulaba ¡Androide Definitivo! y, por supuesto, lo editaba Ediciones Vértice. Luego vendría su primer gran tesoro: los números de la Patrulla X correspondientes a la saga de Fénix Oscura, dibujados por Byrne. Aquel insignificante cómic de superhéroes significó el comienzo de TODO. La paga semanal acababa inexorablemente en la caja registradora de la papelería de debajo de su casa a cambio de nuevos números de La Patrulla X, Los 4 Fantásticos, Spiderman o Daredevil. Y de tanto leer cómic de superhéroes, como era de esperar, enfermó gravemente y su salud mental quedó seriamente dañada. Desde entonces parte del hemisferio izquierdo del cerebro lo tiene totalmente atrofiado. Por supuesto, como todo buen enfermo que conoce su mal y lo que no debería hacer si quiere sanar, sigue comprando toda clase de cómics (la enfermedad avanzó y se extendió más allá de los de superhéroes). Incluso, a estas alturas, cae en el saco todo aquello que lleve la firma de ¡John Byrne! (el pobrecillo se jacta de tener todo lo que se ha publicado de él en España). A la pregunta de qué se llevaría a una isla desierta responde convulsivamente: ¡mi colección de cómics! (Luego añade que también su Mp3 de Pink Floyd).
De pequeño ya tuvo claro lo que no quería hacer: estudiar. Así que estuvo sorteando obstáculos hasta que consiguió alcanzar este objetivo e ingresó en Bellas Artes -sus papis querían que sus retoños fueran universitarios (¿?)-. Recibe una beca para cursar el cuarto año de carrera en Italia, allí se hizo tifoso de la Roma y conoció (la obra de) autores italianos como Toppi, Micheluzzi, Mattioli o Pazienza y redescubrió a un tal Hugo Pratt. Le entró entonces el gusanillo de esto de dibujar cómics.

Su lema: "Las mejores ideas son las de otros"
Cuando termina la carrera al año siguiente se da cuenta que había que tener mucho arte para vivir del ídem así que deja de colaborar con la revista Espuma y Ediciones Veleta en general, y decide no perder más el tiempo dibujando guarradas, así que se prepara las oposiciones a Secundaria. Las saca un verano y desde entonces se dedica a enfermar las mentes de los más jóvenes por los institutos de Secundaria de distintos puntos de Andalucía. Reconoce sin ningún tipo de tapujos que es mucho más fácil vivir chupándole al Estado a que te la chupen dibujando cómics. Sin embargo, cuando está ya harto de rascarse la barriga y lo de más abajo (¿no es eso a lo que se dedican los funcionarios?), se pone a garabatear con el lápiz, de vez en cuando salen cosas con sentido (las llama entonces historietas), las manda a todo tipo de sitios (salvo a las editoriales como es lógico) para terminar finalmente en esa especie de papelera de reciclaje que es su página güeb. Algunas de estas historietas incluso, inexplicablemente, han sido tenidas en cuenta en distintos certámenes de cómics ("La extraordinaria historia de Paco", seleccionada en el III Certamen Nacional Fernando Quiñones; "Ana y Alex a Concurso", seleccionada en la XVIII Concurso de Cómics Ciudad de Cornellà"; o "Trece consejos para hacer el ridículo", premiada por el Instituto de la Juventud en 2002 y que pudo verse en el VII Salón Internacional del Cómic de Granada). Recientemente ha sido premiado en el I Certamen de Cómic "Ciudad de Algeciras" por su obra "Ana y Alex y Los 7 Vampiros de Oro".
Y aunque no tiene teléfono ni número donde localizarlo (ya que por móvil es aún más heroico el intento de hablar con él), espera a que algún día lo llamen los de la revista Mad o los de El Jueves y le hagan un contrato de por vida como a Azagra (¿desde cuando publica ahí?). No descarta tampoco que lo fichen los del King Features Syndicate o lo llamen los de la Marvel para lo que sea. Mientras esperaba esas llamadas, ha colaborado de forma aperiodica con la revistas de humor Tmeo o El Batracio Amarillo. En la actualidad puede seguirse su obra en el fanzine cordobés Androito Ke-ke o en el fanzine brasileño Café. Así mismo, es miembro co-fundador del fanzine almeriense La Duna, donde también publica regularmente. Acaba de sacar con la editorial FXGràfic un cómic en torno al mundo de los superhéroes en clave de parodia titulado LOS VENGATIVOS VS. LOS 4 FANÁTICOS. Ahora mismo está preparando su continuación bajo el original nombre de LOS VENGATIVOS 2. Todo ello sin dejar en ningún momento de mimar con cuidado y esmero su creación más personal: Las Cosillas de Ana y Alex, a los que le abrió su propia página güeb (cosa que a estas alturas sabrás de sobra) y les ha publicado su cómic recientemente y que espero que hayas comprado ya.