Una aventura de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS por Daniel Pérez Espinosa
Yo de joven era un ladrón. No, no lo tomes en tono despectivo, era un oficio muy
respetable. Resulta que un día, estando en Bree, ya sabes, aquella ciudad que está en la
encrucijada del camino del este con el Camino Verde, se me ocurrió entrar a robar en una
posada. ¡En mala hora se me ocurrió tal idea! Debí haberme fijado en la gente que había
entrado allí aquel día. Pero te explicaré.
Cuando cayó la noche me deslicé sigilosamente entre las sombras con la maestría que me
caracterizaba (modestia aparte), y abrí sigilosamente la ventana de las cocinas. Entré
despacio, asegurándome de que no había nadie. Se oían los ronquidos del posadero en el
cuarto contiguo. Subí discretamente las escaleras que llevaban a las habitaciones de los
huéspedes, pues sabía que la gente que viaja suele llevar encima ricas posesiones. Así,
confiando excesivamente en mis habilidades, abrí con facilidad la puerta de una de ellas.
Te sorprenderías de saber con cuánto sigilo me movía. Ni siquiera un hobbit (despierto,
claro) habría podido oírme.
Pero cuando entré me llevé un susto de muerte, pues sentado sobre la cama había un
joven mirando en mi dirección. Sin embargo cuando me di cuenta de lo que pasaba no
cabía en mi de gozo. ¡Qué suerte había tenido! Lo que tenía delante de mí era un elfo, y
los elfos, por si no lo sabes, no duermen sino que meditan profundamente, y es casi
imposible despertarles en ese estado. Me acerqué a él, más confiado. ¡Por Yavanna, era
la criatura más noble e imponente que había visto jamás! Casi sentí remordimientos
cuando le quité el precioso colgante que llevaba. Entonces miré debajo de la cama y vi
unas bolsas de viaje, en una de ellas descubrí un montón de monedas de plata.
Realmente estaba resultando una noche fructífera...
Pero en ese momento una robusta mujer apareció ante mí como salida de las sombras y
me sonrió cínicamente.
ELDROM: ¡Sorpresa, ladronzuelo!
Su aparición me dejó tan sorprendido que no pude reaccionar, y sentí un golpe terrible en la cabeza que me dejó inconsciente.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -En sueños, sentí que me caía. Desperté bruscamente y vi que estaba en una colina, tirado en el suelo.
ELDROM: Mira, Rogar, ya despierta tu amiguito .
Me dolía la cabeza horrores. Alcé la mirada y vi a la dúnadan que me había golpeado.
Vestía un manto pardo de viaje, y de su cinto colgaba una poderosa espada.
Entonces se acercó un hombre . Tenía una cicatriz en la cara, y aunque me pareció que
también pertenecía a la raza de los dúnedain, los altos hombres de Gondor, era de menor
tamaño. Vestía una cota de malla y llevaba unas preciosas espadas.
ROGAR: Vaya, hola Lodric. ¿Te acuerdas de mí?
Le miré bien y entonces recordé.
LODRIC: ¡Por Yavanna, tú otra vez no!
Conocí a aquel tipo, Rogar, cuando era capitán de la guardia de Minas Tirith. Me encerró en las mazmorras varias veces.
LODRIC: ¿Estoy detenido otra vez?
Rogar se rió.
ROGAR: Ya no trabajo para el Senescal, ladronzuelo, puedes estar tranquilo.
La verdad es que eso me alivió.
ROGAR: Desde luego no fue buena idea robarle el colgante a Rondor.
Señaló al elfo, que nos miraba solemnemente desde lejos. Rogar se acercó a mí y susurró:
ROGAR: Es un Mago muy poderoso, y tuvimos que sujetarle para que no hiciera un asado contigo. Está realmente enfadado, ¿sabes?
ELDROM: Sí, no es aconsejable enfadar a un elfo Noldo, sobre todo cuando te puede chamuscar sin mover un dedo.Se me hizo un nudo en la garganta; había metido la pata hasta el fondo.
ELDROM: Tranquilo, le hemos convencido de que nos ayudarás.
LODRIC: (con desconfianza) ¿Ayudaros? ¿A qué?
ELDROM: (con malicia) Ya lo sabrás, tu tranquilo.
Entonces el elfo habló por primera vez.
RONDOR: Nos acompañarás hasta Annúminas, ladrón. Y te advierto que si intentas cualquier cosa, esta vez ninguno de estos inútiles podrá convencerme de que no te mate.
Desde luego había que reconocer que sabían cómo convencer a alguien.
Yo siempre he sido una persona sensata y he sabido mantenerme en mi lugar. No me
cabía duda de que si me escapaba terminarían dando conmigo, así que decidí seguirles el
juego. Tú no sabes el poder que tiene un Mago, pero yo sí lo sabía, y más aún después de
lo que habría de ver.
Eran una gente extraña. La dúnadan que apareció de entre las sombras en la posada se
llamaba Eldrom y venía de Crabe, en Gondor. Era una experta rastreadora y más de una
vez me sorprendí de sus habilidades. Encontraba un rastro donde cualquier otro no habría
visto absolutamente nada. Pero era una mujer arisca y orgullosa, y muy cerrada.
El elfo mago era más raro aún. No parecía llevarse bien ni siquiera con sus compañeros,
y era muy distante y silencioso. Un día me enteré de que los Noldor son la raza más
noble de entre todos los elfos, a la vez que la más escasa y poderosa, así como de que los
elfos son realmente inmortales en edad. Todo esto no hizo más que aumentar el respeto y
el temor que me imponía.
Rogar era el más abierto de los tres. Qué diferencia había de verle como mi carcelero a
verle como mi compañero. Descubrí que era un juerguista y que le encantaba luchar. Eso
sí, una noche me di cuenta de que era el mayor guerrero que había visto jamás.
Fue en la parte más peligrosa del viaje, cuando hubimos de atravesar las Quebradas de
los Túmulos. Cualquier habitante de Bree evitaba este sitio maldito, pero nosotros
tuvimos que seguir un olvidado camino que iba hacia el Norte cruzándolas por el medio.
Eldrom puso muchas pegas a seguir por allí, pero todos sabían que era el único camino
hacia Annúminas.
A media tarde empezamos a divisar los túmulos. Eran colinas cubiertas de hierba sobre
las que se alzaban blancas y tenebrosas lápidas. Eldrom y Rogar llevaban
constantemente las manos en las empuñaduras de sus espadas, y noté que el mago estaba
tenso, aferrando su vara como si de ella dependiera su vida. Por suerte dejamos atrás los
túmulos antes de que anocheciera. Yo estaba fatigado y quería descansar.
LODRIC: Oye Rogar -le dije- ¿por qué no acampamos? Ya hemos dejado atrás los túmulos.
Pero entonces el elfo me atajó, imperante.
RONDOR: Te equivocas, las Quebradas de los Túmulos se extienden aún más al Norte. Caminaremos toda la noche.
LODRIC: ¡¿Toda la noche?! -exclamé, pero Rogar se rió.
ROGAR: Ja,ja,ja. Veo que no estás acostumbrado a viajar, Lodric.
ELDROM: Venga, dejaos de tonterías y sigamos. Aún queda mucho camino.
Eldrom nos apremiaba desde unos metros más alante. Tuve que guardarme mi cansancio y continuar. La montaraz, pues eso era Eldrom, nos guiaba a través de rutas sinuosas, evitando los túmulos. Pero cuando llevábamos más de cuatro horas de camino nocturno el Mal vino a nuestro encuentro. De repente me di cuenta de que nos rodeaba una espesa niebla. Me acerqué a Rogar, asustado.
LODRIC: ¿Qué es esto? -le pregunté.
ROGAR: Es la niebla de los tumularios, Lodric. Pégate a mí.
Rogar desenvainó sus dos espadas y me quedé sorprendido al observar que brillaban con una luz blanquecina.
LODRIC: ¡Rogar, tus espadas! -le grité.
ROGAR: Sí, ya lo sé. El tumulario está cerca. ¡Eldrom! ¡Rondor!
Pero no nos respondieron; la niebla parecía tragarse el sonido. Nos detuvimos y yo saqué
mis dagas. Nos pusimos espalda contra espalda, alertas. Y entonces oí un gruñido que
me erizó los pelos de la nuca. Me giré y vi algo terrible, una vaga forma espectral con
unos pálidos ojos que helaban la sangre. Retrocedí asustado e instintivamente le arrojé
una daga. El arma le impactó de lleno, pero para mi sorpresa se disolvió al contacto con
su cuerpo.
Entonces, cuando a mí el miedo me paralizaba, intervino Rogar. Con un grito se arrojó
contra el tumulario, y yo temí que no pudiera nada contra él pues sus armas también se
disolverían. Pero sus espadas debían tener algo especial, pues ahora brillaban con furia y
alcanzaron a la criatura en un terrible tajo. El tumulario soltó un horroroso gemido,
ambos se enzarzaron en combate espeluznante, hasta que Rogar, que había sido capaz de
detener todos sus ataques, le remató con un violento golpe.
La niebla desapareció, pero pasó un rato hasta que pude moverme, pues el terror me
había paralizado de una manera increíble. Cuando por fin reaccioné, Rogar me cogió del
brazo y me arrastró hasta salir de la colina a la que habíamos subido sin darnos cuenta.
Por fin pudimos encontrar a los otros.
ELDROM: ¿Dónde os habíais metido? Ya pensábamos que os había atrapado un tumulario.
ROGAR: Je, era su intención, pero se asustó sólo con verme.
Me sorprendí del coraje y del cinismo de Rogar ante un peligro tan real.
ELDROM: Siempre estás igual, Rogar. Seguro que era un tumulario menor. Si no, dudo que ni siquiera tú con tus espadas sagradas, hubieras podido vencerlo.
ROGAR: Bah, eres un aguafiestas, Rondor. Salgamos de aquí de una vez.
Tuvimos suerte y antes de que amaneciese dejamos atrás lo que llamaban las Quebradas del Norte. Por fin pudimos parar a dormir.
ELDROM: Yo haré la primera guardia. Que luego me reemplace Rondor.
Se notaba que tenían experiencia en estas lides, pues todo se hizo con rapidez. Yo me quedé dormido enseguida, pero tuve una espeluznante pesadilla con el tumulario y me desperté cuando era aún de noche. Entonces me di cuenta de que Eldrom no estaba. Eso no me gustaba. Me levanté con sigilo y cogí una de las dagas que me quedaban. ¿Qué le habría pasado? Con los nervios de punta, me acerqué sigilosamente hasta donde la había visto antes de dormirme. Y entonces solté un chillido cuando una mano me agarró por detrás.
ELDROM: Tranquilo, Lodric. ¿Qué haces despierto?
Vi que aparecía de repente ante mí, igual que aquella noche en la posada.
LODRIC: ¿Cómo haces eso? -la pregunté- Me das unos sustos de muerte.
ELDROM: Je,je. Me camuflo entre las sombras, como una buena montaraz. Ahora vuelve a dormirte.
Uno se sentía pequeño al lado de estos aventureros. Me tumbé y conseguí dormirme.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -Los días siguientes de viaje fueron duros. Atravesábamos los yermos de Rhudaur, parte del antiguo reino de Arthedain que se había alzado aquí antaño. Ahora estas tierras eran salvajes y las habitaban nómadas dunlendinos, orcos y trolls. Tuvimos algunos encuentro, con orcos sobre todo, unos seres realmente desagradables. Pero los que quedaban vivos no deseaban volver a vernos jamás. Pero una vez tropezamos con trolls, y Eldrom y Rondor optaron por una retirada prudente, muy a pesar de Rogar. A pesar de todo, me llamó muchísimo la atención el hecho de que Rondor, el elfo mago, nunca utilizaba la magia.
Una noche en la que no podía dormir me armé de valor y me acerqué a él, que estaba de guardia.
LODRIC: Rondor, -le dije- ¿puedo hacerte una pregunta?
Me miró por encima del hombro, pero no me contestó.
LODRIC: ¿Por qué -le pregunté- no utilizas nunca tus conjuros?
Entonces el alto elfo pareció tocado en un punto débil, y cuando se giró vi un gran pesar en su mirada. Pareció estudiarme largamente, y por fin habló:
RONDOR: Hay grandes poderes en la Tierra Media, Lodric, y el más grande de todos es el del Mal. Soy poderoso para tu concepción de la realidad, es cierto, pero aunque podría matar con un simple conjuro a cualquiera de esos despreciables orcos, revelaría mi presencia a Sauron, el Señor Oscuro.
Me recorrió un escalofrío al oír ese nombre. Lo recordaba de antiguas leyendas, pero aún así no gustaba a nadie.
RONDOR: Si él, o cualquiera de sus servidores, supiera dónde estoy, ni vosotros ni yo estaríamos a salvo. Créeme, antes era imprudente en el uso de la magia, y conseguimos frustrarle algunos planes. Pero fuimos perseguidos constantemente y lo pasamos muy mal.
Entonces sonrió irónicamente.
RONDOR: La vida te enseña, si sobrevives a ella.
El elfo volvió a sumirse en sus pensamientos y yo me retiré, no osando molestarle más. Cada vez pensaba más que todo este mundo me venía grande. Yo era un tipo de ciudad y nunca me adentraba por las tierras salvajes. Y entonces fue cuando me di cuenta por primera vez en toda mi vida de que este mundo alberga poderes demasiado oscuros y peligrosos como para permanecer impasible.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -Tras muchos días por fin divisamos a lo lejos las ruinas de una inmensa ciudad:
Annúminas, la capital del reino de Arthedain. Antaño aquí reinaron los grandes reyes
numenóreanos, en esta ciudad que debió ser una de las más bellas y poderosas
construcciones humanas. Y ahora era una guarida de dunlendinos, los hombres salvajes
del norte.
Nos acercamos ocultos por la maleza y la observamos desde lo alto de una colina.
Algunas tribus dunlendinas se habían establecido allí hacía mucho.
RONDOR: ¿Véis aquél edificio de allí?
Rondor señaló una torre en ruinas.
RONDOR: Ésa es la biblioteca.
LODRIC: ¿Biblioteca? -dije yo- ¿Hemos venido hasta aquí sólo para buscar un libro? Pues siento desilusionaros, pero dudo que esos bárbaros dunlendinos hayan dejado alguno.
Rondor me dirigió una mirada furiosa, pero Eldrom le atajó.
ELDROM: Ya lo sabemos, Lodric. Según nos informaron, la auténtica biblioteca está en una cámara oculta desde hace siglos. Y para eso te hemos traído.
Di un respingo y protesté.
LODRIC: ¡¿Queréis que me meta en esa biblioteca estando todo infestado de dunlendinos?! ¡Maldita sea, van a hacer un asado conmigo!
RONDOR: Escúchame, gusano, podía haberte asado yo cuando me quisiste robar el amuleto, y aún lo haré si no vas allí. ¿Me has entendido?
¡Buf!, no sabes hasta que punto puede intimidar un elfo Noldo, y además si es mago. Así
que finalmente accedí. Esperamos a que cayese la noche y entonces Eldrom, la montaraz,
nos guió ocultos entre las sombras hasta los muros de la biblioteca. Había guardias en la
ciudad, sí, pero la mitad estaban dormidos y la otra mitad borrachos. Nadie podía
esperarse nuestra llegada.
Entramos en el edificio en ruinas. El techo estaba medio caído, pero aún se observaba
una cúpula pintada con espléndidos frescos. ¡Ah, cuántas riquezas debió haber en aquella
ciudad!
Mientras Rogar y Eldrom vigilaban las entradas, sin puertas que nos ocultasen, el mago
buscaba en el fondo de la sala. Al rato, cuando yo estaba distraído raspando unas
inscripciones en oro, vi que movía unos escombros.
RONDOR: ¡Lodric, ven aquí!
Me acerqué y vi que había puesto al descubierto un extraño mecanismo.
RONDOR: Es el resorte que bloquea la cámara. Desactívalo.
LODRIC: Vaya... no es tan fácil. Necesitaré tiempo -dije yo.
Pero por la mirada que me lanzó supe que no tendría ese tiempo. me puse manos a la obra, poniendo todo mi esfuerzo en ello. Tenía cierta experiencia (mas bien bastante) en abrir cerraduras sin llave, y pronto le cogí el truco a aquel mecanismo. En apenas diez minutos el resorte saltó.
LODRIC:-¡Hop! ¡Ya está!
RONDOR: Has tardado mucho, podían habernos descubierto.
Realmente cada vez entendía menos a este elfo. ¡El habría tardado horas!
Vimos que en un rincón se habían desplazado unas baldosas y se había abierto un oscuro acceso.
ELDROM: ¡Entrad vosotros, nosotros los mantendremos a raya si vienen!
Rogar y Eldrom, con las espadas desenvainadas y vigilando el exterior ocultos entre las sombras, nos desearon suerte. Rondor encendió una antorcha y bajó por unas estrechas escaleras. Empuñando mi daga bajé tras él.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -La luz de la antorcha apenas iluminaba una pequeña porción de la cámara, pero eso no impidió que nos diésemos cuenta de la inmensidad de aquella biblioteca secreta. ¿Cuántos siglos, cuantos milenios de sabiduría habría allí acumulados? Desgraciadamente el tiempo y las alimañas habían causado estragos.
RONDOR: ¡Maldita sea! Es más grande de lo que pensaba. Nos llevará horas encontrar el libro que busco.
LODRIC: ¿Qué tiene ese libro que requiera tantas molestias? -le pregunté-
RONDOR: En los libros, Lodric, está el poder. Además, no es para mí.
No quise preguntarle sobre el tema, pero estoy seguro de que no me habría dicho más. Entonces, cuando el mago se dirigía a una de las estanterías, arriba se empezaron a oír gritos y ruidos de armas.
ROGAR: ¡¡Rondor, Rondor!! ¡Deprisa, nos atacan!
Vi cómo Rondor se ponía pálido por la desesperación, y entonces tomó una determinación. Sus manos se alzaron y pronunció un conjuro en una extraña lengua desconocida para mí. Las palabras resonaron en la sala y el mago, como poseído, corrió hacia una de las estanterías. Al momento regreso con un inmenso libro bajo el brazo.
RONDOR: ¡Vamos, Lodric!
Arriba la situación no podía ser peor. Los dunlendinos nos habían descubierto y estaban
acudiendo en masa para aniquilarnos. Rogar y Eldrom luchaban a la desesperada,
intentando que no pasasen por las amplias entradas. A cada mandoble de sus espadas un
dunlendino caía al suelo herido o muerto. Aún así la situación era crítica, pues la
superioridad numérica era aplastante.
Entonces el mago adelantó la mano y gritó de nuevo en esa extraña lengua, y al instante
uno de los muros del fondo cayó al suelo derruido.
RONDOR: ¡Rogar, Eldrom, corred por allá! ¡Yo les distraeré!
Al momento se alzó flotando en el aire y ascendió por el hueco del techo derruido. Una
vez allí su voz se impuso al tumulto y de sus manos empezaron a salir bolas de fuego que
causaron estragos y dispersaron a los dunlendinos. Cuando me quise dar cuenta Eldrom y
Rogar ya corrían por el hueco abierto por Rondor y me llamaban a gritos. Pensé en que
no debía dejarle solo, pero cuando los dunlendinos se recobraron de la sorpresa y
vinieron a por mí, emprendí una frenética carrera.
Sin embargo tuve la mala suerte de tropezar con el libro, que el mago debía haber dejado
caer con la precipitación. Y ahí, amigo mío, hube de tomar una gran decisión. Si me
entretenía a coger el libro, que era por lo que habíamos hecho el viaje hasta aquí, corría el
riesgo de que me atraparan. Pero si no lo cogía huiría sin problemas. Y en una fracción
de segundo algo en mi interior reaccionó más rápido que mi resentimiento hacia el elfo y
agarré el pesado tomo. No me dio tiempo a pensar si había hecho bien o no, porque una
espada se me clavó en el costado. Me aferré al libro, con la vista empañada por el dolor,
y me volví hacia mi atacante justo en el momento en que se disponía a rematarme. Sin
embargo de repente una fuerza invisible le lanzó contra la pared, salvándome del golpe
mortal, y al instante noté como mi entorno se desvanecía, mientras caía inconsciente.
Desperté en una cueva, con el costado doliéndome horrores. A mi lado estaba Rogar, vendado en algunas partes y con más cicatrices. Eldrom tampoco había salido indemne. Al fondo, en un rincón, estaba sentado Rondor, ojeando el gran libro, y pude ver que una gran venda le cubría el torso.
LODRIC: ¿Qué...qué ha pasado? -pregunté.
ROGAR: Enhorabuena, chico, has sobrevivido a tu primer encuentro con los malos.
LODRIC: Pero ¿cómo? Aquél salvaje me iba a matar y...
ELDROM: Dale las gracias a Rondor. Apartó con un sortilegio el mandoble del dunlendino y luego te teleportó lejos de allí. Claro que su osadía le costó recibir un flechazo.
Eldrom se señaló el abdomen indicativamente. Rogar se acercó a mí y me susurró al oído.
ROGAR: No se lo digas a él, pero creo que le caes bien. Aunque él dice que lo hizo por el libro.
La verdad es que en aquel momento no me importaba. Estaba cansado y me volví a tumbar para dormir.
Me desperté cuando faltaba poco para amanecer. Me incorporé como pude y me senté a la entrada de la cueva. A lo lejos se veían las ruinas de Annúminas. Rondor apareció de lo alto de una roca.
RONDOR: Quiero agradecerte que salvases el libro. Es muy importante para mí.
LODRIC: Oh, realmente no sé por qué lo hice -le contesté-. Pero lo que me preocupa es lo que me dijiste aquella noche acerca de la magia y el Mal. Ahora te estarán buscando, ¿no?
RONDOR: Seguramente, pero mejor eso que haber muerto allí. Además, si consigo llegar a mi destino con el libro, no tendré nada que temer.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -Sé que estas palabras suenan enigmáticas para ti, amigo mío, pero no te las voy a aclarar
aún. Sí te diré, sin embargo, que viajé mucho más con estos tres aventureros, y que
corrimos peligros mucho mayores. ¡Qué tiempos aquéllos! Pero he de dejarte ya. Mis
tropas aguardan, y debemos partir a romper el asedio que tienen en Minas Tirith las
Tropas de Sauron.
¡Ah, y si ves a lord Rogar, dile que nos veremos después de la Guerra, y que dé recuerdos
a Eldrom y a Rondor de parte de su amigo Lodric, el comandante de los mercenarios de
Dol Amroth. ¡Hasta la vista!