Esta es una breve aventura novelada de Starwars el juego de rol, que sirvió para un cambio (temporal) de personaje y como introducción para la siguiente misión de los rebeldes. La aventura fue prácticamente improvisada, siendo muy larga por la interacción entre personajes.
El escritor soy yo, uno de los 3 PJs y no el director de juego, por lo que me he tomado ciertas libertades estilísticas puesto que como jugador no conoces el panorama de la aventura del todo. Aunque es bastante ceñido a lo que sucedió.
Esta aventura es freeware. Puede ser distribuida gratuitamente a terceros sin limitación siempre que se mantenga sin modificaciones y no se cobre nada por ella. Se admiten comentarios y preguntas sobre la aventura, y también puedo mandar las plantillas de los PJs u otra información si alguien la desea. También me gustaría saber hasta dónde ha llegado de lejos esta historia, por lo que agradecería enormemente e-mails al respecto. Para cualquier comentario mandadme un e-mail a mi dirección de e-mail: dungeonero < at > gmail
Es un oscuro momento para los mundos una vez regidos por la gloria de la Vieja República. Sumidos bajo la tiranía del Nuevo Orden, incontables mundos son forzados a acatar la autoridad del Emperador Palpatine y su poderosa máquina militar. Poderosa, pero no invencible. La creciente Alianza Rebelde acaba de conseguir su mayor victoria con la destrucción de la terrible Estrella de la Muerte. En una lucha desesperada contra la opresión y la oscuridad, los hombres, mujeres, alienígenas y droides de la Alianza intentan devolver a la galaxia el esplendor y la justicia que antaño la rigieron. En multitud de batallas, pequeñas o grandes, conocidas o anónimas, los rebeldes se enfrentan a las fuerzas imperiales con poco más que determinación y esperanza. Y en una de esas anónimas escaramuzas empieza nuestra historia...
El vacío galáctico. La oscuridad y la calma soportando el peso de miles de millones de estrellas e incontables mundos. Al contemplar la vastedad del universo se plantea la pregunta de qué lo mantiene unido.
El vacío, pero no tanto. La brillante silueta de un planeta llena nuestra vista. Un pequeño mundo, lleno de vida, muestra sus matices de color por doquier. Océanos de color azul verdoso, amplios bosques esmeralda, cordilleras salpicadas de blanco. Y algún punto luminoso muestra la posición de pequeñas ciudades en el mundo de Skor II.
Un repentino destello de luz, y una nave aparece en el espacio real, decelerando tras el salto hiperespacial. Una lanzadera de carga espacial, con el emblema de la sección científica del Imperio. Por un momento el silencio continúa, como si el universo ignorara a los simples mortales, pero pronto una comunicación subespacial rompe la paz.
"Tai shi. Skirmish taun vair da ruqieb. ¿Sael Mol dia too era?" (aquí Skirmish el comerciante en una lanzadera de carga. Vamos a aterrizar en Sael Mol, ¿algún problema?).
En la cabina de la lanzadera un variopinto grupo de rebeldes se relajaba tras su precipitada huida de Kessel. El piloto, un comerciante squib, inspeccionaba los datos del camino de descenso mientras llamaba al espaciopuerto de Sael Mol. Aunque malherido, no perdía la despreocupada forma de ser de su raza. De poco más o menos un metro de altura y con pelaje rojo-azulado, sus grandes ojos rojos observaban despreocupadamente los paneles de control de la lanzadera. Si no fuera porque estaba herido y su ropa estaba casi deshecha por los vapores caústicos de la kesselita, parecería como si viniera de una fiesta. Descontando también que había perdido casi todas sus posesiones y que serían imposibles de recuperar, voladas en muchos pedacitos microscópicos tras la explosión del generador de fusión de la mina de donde escaparon. Lo que más echaría de menos sería su fiel compañero y amigo R2D6, antes aún que su viejo carguero ligero Montyhaul.
En el asiento de copiloto, el teniente John, un desertor del ejército imperial, empezaba a preocuparse sobre cuál iba a ser el siguiente paso a dar. Alto y moreno, sus ojos negros eran dos pozos insondables de seriedad y determinación. "Hemos rescatado de Kessel a los dos científicos del proyecto Stalker, pero por motivos de seguridad no tenemos las coordenadas de ninguna base de la Alianza a la que regresar. Han venido con nosotros un cazarrecompensas que supuestamente trabajaba para la Alianza y un tal Pike que nos ayudó a luchar contra los soldados de asalto. Viajamos en una lanzadera imperial robada con tres técnicos imperiales prisioneros. Y estamos orbitando un planeta lleno de irresponsables squibs. Perfecto."
Hubble Tree, el cazarrecompensas, se movía inquieto en la silla de aceleración. No era tan alto como John, pero si tan musculoso o más que aquel. Su aspecto era más bien normal, no llamaba la atención (excepto cuando abría la boca, pues era un típico corelliano alegre y algo bocazas), algo que era muy conveniente para alguien de su profesión. No había soltado el rifle bláster desde que consiguieron escapar de las minas de especia. La herida que tenía en el costado le recordaba que estaba vivo y no pudriéndose en las minas, donde una estancia de menos de un mes había mellado su salud aunque no su espíritu.
Los dos científicos rebeldes, el doctor Drenas y el doctor Alteva, sí habían sufrido más la insalubre estancia en las minas de Kessel. Unido a su mayor edad había dejado su moral y cordura por los suelos.
Pike estaba apartado del grupo sentado en los asientos de pasajeros. Aunque también resultó herido en la huida, la alegría de seguir vivo y de escapar de aquel infierno hacía que mostrara una salvaje sonrisa. Era un tipo de dudosa reputación, un criminal encerrado en Kessel por robo y asesinato, que buscó ayudarse a sí mismo al ayudar a los rebeldes para poder salir de Kessel. Y también era precavido (o desconfiado). Aún no había bajado la guardia desde que dejaron el planeta y su guarnición de cuatro destructores Imperial II muy atrás.
El comunicador de la nave silbó un poco con estática y una voz squib contestó:
"Chun quier daa uiera. Too er de isp echan. Deit queb sulan quisin." (de acuerdo, lanzadera. Aterriza en la pista 8. Te mando los datos de aproximación).
Skirmish chequeó los datos de aproximación. "Bueno, vamos a aterrizar. ¡Agarráos!". Cogió los mandos, y como tenía por costumbre, aceleró la nave más allá de lo que recomendaba el sentido común y se dirigió hacia el pequeño espaciopuerto de Sael Mol.
Tras un movido aterrizaje en el muelle de atraque 8, la trampilla frontal de la bodega se abrió con un chasquido. La pequeña figura de Skirmish empezó a descender la rampa apenas llegó al suelo, algo lentamente debido al dolor de las heridas que recibió en Kessel.
De una pequeña garita de control situada en una esquina del recinto salió un squib con el pelaje rojo oscuro manipulando un datapad, con sus ojos amarillos brillantes de curiosidad.
"Hil, ima Kuruss. Tidae imp reser op si. ¿Vai do queier voo dueu?" (Hola, soy Kuruss. Hum, esta es una lanzadera de carga imperial. ¿De dónde venís?)
"Hila, ime Skirmish. ¡Iy cent va doi si! ("Hola, yo soy Skirmish. ¡Si yo te contara!) dijo Skirmish. "Su socap Kesselaf nim as do wer" (Acabamos de escaparnos de las minas de Kessel).
"Radur, si. Van alam so. Des iy teri herc quel van." (Hum, interesante. Pero es una nave muy llamativa. Estoy pensando si estaríais interesados en deshaceros de ella).
"Sepn im edar. Tarci iy treesi van seguc queir. ¿Daur do sae ew?" (Me has leído el pensamiento. Ciertamente tenía yo un cierto interés en conseguir una nueva nave. Podíamos hacer un trato, ¿no?).
Mientras los dos squibs empezaban a hacer lo que mejor sabían, negociar, el resto del equipo había abandonado ya la lanzadera. En total 8 humanos esperando a que Skirmish les guiara en un mundo para ellos desconocido, y sin entender nada del dialecto comercial squib.
"Im eruc Kirel daer daur tien. ¿Ienm alos reco van doi si, ir van epon do?" (Mi cuñado Kirel puede hacer un trato contigo. Mientras tanto, ¿quieres un cerrojo restrictivo o vas a dejar la nave abierta?) siguió Kuruss.
Esta frase de Kuruss sorprendió mucho a Skirmish. En primer lugar aunque su especie tenía el concepto de matrimonio no era algo muy usual entre ellos. En las guías de xenobiología se solía decir que los squibs se extinguirían de no ser por el instinto de reproducción, ya que su interés por el sexo era considerablemente menor que su interés por negociar. Y la segunda cosa que le sorprendió era la desconfianza en cuanto a dejar la nave abierta. Los squibs nunca roban, ni siquiera cuando hacen tratos (aunque eso no quiere decir que no te puedan timar en un trato, lo que por otra parte es más bien descuido y 'picardía' más que malicia por su parte).
"¿Wir? Wy doe Skor II vi duem. ¿Hu que dar van mir? Nien squib sto nion du" (¿Para qué? Estamos en Skor II. ¿Quién iba a querer entrar? Ningún squib iba a robarla).
"Ti rae dur tum sea ti, ¿fi?. Tyr dum quir sot da. Imp tudar tis dar gat". (Hace tiempo que estás fuera del planeta, ¿no?. Las cosas han cambiado un poco. Los imperiales empiezan a interesarse más por nuestro sistema).
"Trea jer. Sae iyas red sak do. Nif teris ne dreo fo" (Qué extraño. Somos un pueblo de chatarreros. Nunca habían mostrado ningún interés en nosotros).
"Vi tar daci exter pale dur faae (Además la ciudad está llena de extranjeros).
"Sy trea dat si. ¿Fy si?" (Eso si que es extraño. ¿Quiénes son?).
"Zerquinfael" (Caza cabezas).
"¿Zerquibte?" (¿Cazarrecompensas?)
"Sy, edu" (Sí, eso.)
"¿Fi ni seum?" (¿Y a quién buscan?)
"Ny ki sa" (No lo sé.)
"Muchachos, aquí Kuruss me ha dicho que hay cazarrecompensas en la ciudad."
"¡Cazarrecompensas!" dijeron al unísono John y Hubble. "¿Y qué hacen aquí?".
"Kuruss no lo sabe" contestó Skirmish. "Ell, wy egus poshe in bacta dull sou tar. ¿Tar bun bes do? (Bueno, nos gustaría hospedarnos en algún sitio y a mí me vendría bien un tanque de bacta. ¿Sabes de algún sitio bueno?).
"Sy, dot. Soad wirte sunta yi. Fasar ator ter, ¿reco sy ny dy?" (Sí, claro. La posada de mi hermana es perfecta para vosotros. Y hablando de otra cosa, ¿quieres el cerrojo o no?)
"Ny. Crer rod erat si fise" (No. Con cerrar la puerta con clave será suficiente).
Tras decir esto Skirmish dio media vuelta y se acercó hasta el teclado de seguridad al lado de la trampilla de entrada. Examinándola introdujo varios números en sucesión pero no ocurrió nada.
"Vaya. Con esta jaqueca no puedo concentrarme."
Acto seguido se acercó al doctor Drenas, y tirándole de la manga le dijo: "Por favor, ¿puede echarme una mano con la cerradura de seguridad de la nave?. Es muy difícil para mí y no quiero dejar la nave abierta".
Con un suspiro de resignación Drenas se acercó hasta la cerradura. Tras unos momentos examinándola dijo: "Bueno, no es mi especialidad pero lo intentaré" y tecleó una secuencia de anulación...
...que hizo sonar un pitido tras el cual la escotilla empezó a cerrarse rápidamente.
Por la cabeza de Skirmish pasaron muchas cosas. La principal era que si la nave tenía código de alta seguridad y se cerraba no podrían volver a abrirla fácilmente, y sin abrirla no podría haber trato... En suma, un gran problema. Y pensó: "Desde dentro se podrá abrir, por lo menos no habremos perdido nada."
Y de un salto se coló dentro antes de que se cerrase del todo.
John ya estaba empezando a desesperarse con su estancia en Skor II cuando de repente la lanzadera quedó cerrada y en silencio. Sin poderlo evitar se quedó pasmado.
"¿Pero, qué demonios está haciendo este squib?. ¿Para qué se ha metido dentro de la lanzadera?"
"Yo... él me dijo que le ayudara con el código de seguridad de la lanzadera. ¡No es culpa mía!" repuso Drenas.
"Le dije si quería un cerrojo de seguridad para cerrar la nave, pero dijo que con cerrarla y poner una clave era suficiente" siguió Kuruss.
"¿Y ahora qué?" dijo John.
"Vamos a hospedarnos en algún sitio, y así podéis echar un vistazo a mis heridas" dijo Hubble.
"Esta bien, no quiero permanecer en unas calles llenas de cazarrecompensas" vaciló John. "¿Kuruss, puedes darnos la dirección de un hotel en condiciones? Y cuando salga el pelmazo ese le dices adónde hemos ido."
"Sí claro. Salís de aquí y seguís la calle principal. Tras dos manzanas torcéis a la derecha. Seguís cuatro manzanas y torcéis a la izquierda otra vez. Una manzana más tarde torcéis a la derecha, luego a la izquierda y veréis un cartel luminoso. Pues bien, ese no es. Seguís una manzana más y llegaréis a la posada. Se llama el Viajero Extranjero. Si tenéis alguna duda no tenéis más que preguntar."
"Maldito planeta de lunáticos" murmuró con desagrado John. "Mejor esperaremos a que salga Skirmish. No podemos ir por ahí sin entender a esta gente."
Kuruss se quedó allí de pie con los rebeldes, mirándoles con mucha curiosidad. Y vio los grilletes que llevaban los técnicos imperiales. "Extraña moda es esa", dijo señalándoles. ¿No estarán un poco incómodos?"
"Eh.. No. Es una nueva moda en el Imperio." contestó John empezando a ponerse nervioso.
Uno de los tres imperiales empezó a mirar al squib, a hacerle gestos y a intentar decirle algo con meros susurros. Kuruss se quedó mirándole, e instantes después sus ojos se abrieron de par en par: "¿Una recompensa por liberaros?"
El imperial empezó a ponerse rojo de furia murmurando entrecortadamente ".. estúpida bola de pelo...".
Y no continuó su frase pues su estómago se encontró con la culata del rifle bláster de John.
"Me ha dicho que me daría una recompensa si los liberaba" dijo Kuruss señalando a los imperiales.
"¡Qué va! ¡Son muy bromistas! Además no tienen dinero..." replicó John.
"Escoria rebelde..." exclamó el imperial.
"Escoria imperial..." siguió Hubble.
Mientras tanto en la nave, Skirmish había empezado a pensar que no había sido una idea tan buena. Había intentado abrir la puerta pero no se dejaba. Hacía falta el código. "Me voy a quedar aquí hasta que venga la muerte a hacer el último trato conmigo a no ser que piense algo... ¡Ya sé! Si desactivo la energía de la nave podré abrir la puerta con el sistema manual."
Dicho y hecho. Skirmish se encaminó a la habitación de ingeniería y examinó los paneles. "Hum... células de potencia auxiliar, sistema de energía principal, ¡este es!. ¿Qué dice aquí? A ver... Advertencia: el sistema tarda media hora en activarse o desactivarse si se produce una desconexión del acoplamiento de energía. Bueno, tengo tiempo."
Tras bajar los conmutadores una línea de luces empezó a apagarse lentamente y el zumbido de la maquinaria empezó a hacerse más grave y silencioso.
Una media hora más tarde Skirmish se encaminó hacia la bodega delantera y con gran esfuerzo para alguien que mide 1 metro y pesa unos 35 kgrs empezó a girar la manivela del sistema hidráulico de apertura manual. Tras abrirlo al máximo, la puerta seguía sin abrirse, hasta que Skirmish se apoyó preocupado en ella y ésta se abrió con un chasquido y empezó a descender lentamente.
"¡Hola! Muchas gracias por esperarme. Ahora sí me interesa mucho ese cerrojo de seguridad." dijo nada más salir.
"Bueno, vamos a irnos de aquí de una vez." contestó John.
"Sí, eso. ¿Kuruss, dónde cae la posada de tu hermana?".
"Pues salís de aquí y seguís la calle principal. Tras andar dos manzanas torcéis a la derecha. Luego seguís cuatro manzanas y torcéis a la izquierda. Una manzana más tarde torcéis a la derecha, luego a la izquierda y veréis un cartel luminoso. Ese no es. Si seguís una manzana más llegaréis a la posada. Se llama el Viajero Extranjero." contestó Kuruss.
"Muchas gracias. Avisa a tu cuñado que quiero hacer tratos con él. Hasta luego" añadió Skirmish.
"Desde luego. Adiós."
Las calles de Sael Mol era bastante regulares para una ciudad squib. Las casas de permacita reforzada eran bajas para todos los humanos del grupo. Alguna casa tenía dos plantas, pero no más. Estaba anocheciendo cuando el grupo de sufridos rebeldes y sus prisioneros imperiales llegaron a la posada. Un edificio de dos plantas apto para humanos. Los ventanales de cristal sintético que daban a la calle estaban empañados de vapor, y parecía haber bullicio dentro.
"Qué extraño" dijo Skirmish. "Nunca hay tanta agitación aquí".
Sin pensar en peligro alguno se dirigió hacia la puerta, que se abrió con un chasquido dejando escapar una gran vaharada de vapor, humo y olores inclasificados pero insalubres.
Cuando entró Skirmish en la posada, ninguno de los presentes se fijó en él. La zona de mesas del bar estaba llena con sentientes de varias especies con un aspecto cuando menos inquietante. "Tienen aspecto de cazarrecompensas", pensó Skirmish.
Pero al entrar los humanos sí hubo algo de revuelo. Tres humanos armados, tres con grilletes y con uniforme imperial (aunque les habían quitado las insignias) y otros dos más mayores y con aspecto de estar muy nerviosos.
Skirmish se dirigió a un squib que estaba cerca del mostrador intentando llevar un barril de cerveza corelliana: "Hil. Wen ach rom, si deis var doota" (Hola. Quiero habitaciones, somos ocho).
El squib les miró, un poco sorprendido, y contestó: "Ol qua. Wy faa rom dur. Rom vi tar de odque." (Lo siento. Estamos llenos. A no ser que queráis compartir las habitaciones...).
"Si retus. ¿Daen daa queb goet ag hier?" (Es extraño. ¿Por qué hay tanta gente extraña en el planeta?).
"Sie zerquibte. Sie soo tea dal." (Son cazarrecompensas. Están buscando a alguien).
John y Hubble estaban empezando a preocuparse por toda la atención que mostraban los clientes hacia ellos. Hubble quitó disimuladamente el seguro del arma.
"Kuruss y den tir. Rom dam de erat van di" (Me manda Kuruss. Además de las habitaciones iba a hacer un trato con su cuñado para vender una nave.)"
El squib asintió "Dy rom seu ge ra" (Iré a ver si hay habitaciones) y entró en lo que parecía ser la cocina.
En ese momento dos de los clientes, dos humanos de aspecto facineroso se metieron las manos en los bolsillos (Hubble estaba muy nervioso) y sacando un puñado de créditos los pusieron en la mesa y se fueron.
John se acercó a Skirmish y le dijo al oído (para lo que tuvo que agacharse): "Deja las habitaciones. Nos vamos".
"¿Por qué? ¿No creerás que los cazarrecompensas nos buscan a nosotros? El Imperio no ha tenido tiempo de poner una recompensa por nosotros y además no saben adónde huimos." contestó Skirmish.
"Da igual. Estamos llamando mucho la atención. Nos vamos YA."
"Pues yo no quiero irme. Estás muy receloso. Si queréis id a buscaros otro hotel, pero yo me quedo aquí."
"¿No te das cuenta de que salta a la vista que esos tres son imperiales? Lo mejor que podríamos hacer es ir pensando en abandonar el planeta ya."
Skirmish suspiró ante la desconfianza y paranoia de los humanos y se dirigió a buscar al squib que le había atendido.
La cocina no tenía una puerta como tal, si no una mera cortina. Asomando la cabeza, Skirmish vio al squib discutir acaloradamente con una mujer squib de pelaje azulado, que supuso sería la hermana de Kuruss.
Cuando se dieron cuenta de que les observaba, la mujer golpeó en la cabeza al camarero con una sartén del autochef, mientras le fulminaba con la mirada. "Vi teng it tar nof krisk squibtek nor dom" (Sois la gente como tú y como tus compañeros los que ponéis en peligro a toda nuestra especie) le espetó a Skirmish, mientras el camarero se retiraba acariciándose la dolorida cabeza.
Esto fue para skirmish más duro que cualquier reprimenda de John. "Dra ten ga u dar!" (¡Pero si no hemos hecho nada!).
"¿Nif? ¿Tri imp tier gael? ¿Van ter dim ou tre men?" (¿No? ¿Y esos tres imperiales? ¿Y la nave en la que habéis venido?).
"Ell, daur impet tur dri. Iy cent va doi si... Kesselaf nim ter gar dot" (Bueno, eso fue un trato justo con los imperiales. Si yo te contara... Nos hemos escapado de las minas de Kessel).
"Tus, nef tar ken tog. Tro teng ush ter mush gor" (Calla, no quiero saber más. Gracias a la gente de vuestra calaña tengo el local lleno de chusma).
"Suf, ell, ¿nig tar sok?" (Euh, bueno, pero, ¿a quién buscan?).
"¡Nif iy ken! Sei nem. Nof rom vest tar. Sy het, ¡tougot!" (¡Y yo qué sé! Me da igual. No hay habitaciones para vosotros. Y ahora, ¡marcháos!).
"Al soak mer, Kuruss tek ner daur mu" (Aparte de por la posada, me mandó Kuruss para hablar con tu marido sobre hacer un trato).
"¿Ti gerot? Per te un hy dar tu" (¿Ese irresponsable? No hace más que causarme problemas).
"Ell, ¿sig teg hy nuf gat? (Bueno, ¿y dónde puedo encontrarle?).
"Ster nif lek, gute ty niy mish tar bantha let Mos Eisly tup" (Al final de la calle, en un tugurio en donde tú y tus amigos quedaríais como un diente de bantha en Mos Eisly).
"¿Skor II gute ni? Moh sit dae my ger ta" (¿Un tugurio en Skor II? Hace mucho que no volvía a casa).
"Tag nif" (Desde luego).
El grupo tomó el camino hacia el tugurio al final de la calle. La fresca brisa de la noche se antojaba ahora más amenazadora, y la ciudad menos acogedora. El tugurio era un pequeño local de una planta con el techo elevado, y hubiera encajado perfectamente en Kwenn o en Tatooine, pero no en Skor II.
Skirmish fue el primero en entrar, con Hubble a su lado para controlar la situación. Los demás le siguieron con mucha más cautela que la que mostraba él, cerrando John la marcha. Antes de que llegase a entrar John, una voz del callejón, casi un susurro, le llamó: "¡Eh!".
John se quedó sorprendido. Un ataque por sorpresa le hubiera sorprendido menos. No esperaba que nadie quisiera hablar con ellos, pero temía una trampa. "Ahora entraré" le dijo a Hubble, y se encaminó con el rifle bláster bien visible en sus manos.
El tugurio era un sitio ruidoso, lleno de humo y olores inclasificables. Buscando al barman, se dirigió a él y le preguntó por Kirel.
El barman le mandó a una mesa en donde había dos squibs tomando una taza de té de Skor II.
"¡Hil! Ima Skirmish. Kuruss doie van quer ta" (¡Hola! Soy Skirmish, me manda Kuruss para vender una nave).
John se adentró en el callejón que había al lado del local. Era un callejón sin salida. El hedor era casi insoportable aquí. Era evidente que lo usaban todos los borrachos para desalojar los residuos no digeridos en el tugurio. Una figura encapuchada y vestida de negro con una estatura de menos de 1.70 metros le esperaba en las sombras.
"¿Palpatine en persona?" pensó John "No, no puede ser". Pero de todos modos le apuntó con su rifle bláster.
El encapuchado levantó una mano y le dijo: "No te va a hacer falta el arma. No voy a hacerte daño."
En la cantina el squib más alto se identificó como Kirel. "Di uch tena doir es" (Vais llamando mucho la atención).
"Sop dais. ¿Zerquibte tyc da one as?" (Es posible. ¿Por qué hay cazarrecompensas en la ciudad?).
"Ny ki sa. Vandor enlap etim dural vir gae. Bin, duc. Kuruss si van imp reser op si" (No lo sé. Parece que tiene que ver con un carguero que se estrelló en el planeta hace algún tiempo. Bueno, a lo nuestro. Me ha dicho Kuruss que la nave que quieres vender es una lanzadera de carga imperial).
"Sy, neu tal bi. So sen estat di og" (Sí, y está completamente nueva. Es más, tiene como carga sistemas sensores en perfecto estado).
"Si. Ines onus, da vair fichard do it. Rebeliak peg dar un tae" (Hum. Suena interesante, pero va a ser difícil colocarla. Quien pagaría mejor por ella sería la Rebelión).
"Sy, dony teac eit da. Tub syf an tek..." (Sí, la lástima es no tener contactos con ella. Aunque sí tengo uno...) dijo Skirmish, y volviéndose buscó a John con la mirada, pero al no encontrarle volvió a encararse con Kirel. "Daur sae ew ¿Ki er fircas?" (Podríamos hacer un trato. ¿Qué me ofreces?).
En la semioscuridad del callejón, John dudaba si hacerle caso o no. El encapuchado siguió: "Disimula. No tengo mucho tiempo y no puedo dejar que me vea nadie."
John se sentía impresionado por la figura. Era un invisible carisma, o era su forma de hablar suave y autoritaria. Apoyándose en la pared, fingió tener arcadas (algo no muy raro de ver en ese callejón).
"Llamáis mucho la atención. Con esa nave y esos prisioneros imperiales se nota a la legua que sois rebeldes. La ciudad está llena de cazarrecompensas. Pero no os buscan a vosotros."
"¿A quién buscan entonces? ¿A ti?."
"Sí."
"Así que te buscan a ti, eh? ¿Por qué?"
"Es una larga historia."
"¿Por qué me cuentas todo esto?"
"Tenéis una nave, ¿no?. Necesito salir de este planeta. Podemos resultar todos beneficiados, aunque probablemente resulte yo más beneficiado que vosotros".
John estaba sorprendido por la actitud del desconocido. Pero podía estar intentando llevarles hasta una trampa. Después de todo no conocía al encapuchado.
"¿Y cómo puedo fiarme de ti?
Kirel continuaba negociando: "Ell. Krisk reop myn jeal. Ny dar 35.000 dun sag" (Bueno. Corro mucho riesgo con esta operación. No puedo ofrecerte más de 35.000).
"¿35.000? ¡Van do car 60.000 gel min ate!" (¿35.000? ¡Esta nave y su carga no valen menos de 60.000!).
"Sif sear herd lacol ta. Pisal tum gat do. Krisk doo bien ta" (Ya te he dicho que será muy difícil colocarla. Puede que tengamos que sacarla a piezas. Además corremos MUCHO riesgo).
"¿Sef van dar ther?" (¿Y qué tal cambiarla por otra nave?).
"Pos if. Terak er tu gat" (Podría ser. Tendría que hablar con mi socio).
"¿Van ter da myf gat?" (¿Y qué naves tienes para ofrecerme?).
En el callejón la figura encapuchada pareció concentrarse, cuando una lata de cerveza corelliana flotó en el aire hasta la mano de John, que parpadeó muy sorprendido.
"Muy impresionante. ¿Y qué ganaremos nosotros si te ayudamos?".
"¿Qué tal las coordenadas de una base rebelde?".
John se quedó mudo de asombro. Por fin una salida a la difícil situación en la que se encontraban. Aunque aún dudaba algo la presencia del encapuchado y sus aparentes habilidades hacían que empezase a confiar en él.
"De acuerdo. Nosotros también tenemos que salir de aquí."
"Gracias. Nos veremos en la pista 8 dentro de, digamos, 6 horas."
"Allí estaremos."
Sin decir nada más la figura corrió hasta el final del callejón, de un ágil salto trepó hasta lo alto del muro y se perdió tras él. John, muy pensativo tras el extraño encuentro, se dirigió hacia la cantina y se reunió con los otros humanos del grupo, esperando que Skirmish terminase el trato.
Kirel sacó un pequeño holocubo y lo activó. En el haz de luz empezaron a aparecer modelos de naves, que iba pasando rápidamente uno a uno hasta que encontró el modelo deseado.
Era un carguero ligero, más pequeño que el típico YT-1300 corelliano, y de notoria forma ovalada.
"Bas ter dal, lak terx gat do. Ben Corelliadak treg sis, ¿dae teg tur?" (No está mal del todo, pero habría que examinarla por si tenéis que darme un extra. Yo quería un Rompebloqueos corelliano, ¿no lo tendréis por casualidad?)
"¿Bin Corelliadak? Nyf, tag nif. Van drisk gi do" (¿Un Rompebloqueos? No, desde luego que no. Es una nave muy difícil de conseguir).
"Daf. ¿Van es daur ter mi? (Está bien. ¿Cuándo puedo ver la nave y cerrar el trato?).
"Terak tek do is. Trad ter vi tan. Min cael tar gies, ron imp nif tag" (Tengo que hablar con mi socio. Quedamos en la puerta dentro de una hora. Venid el menor número de gente posible, y sobre todo no traigas a esos imperiales).
"Treg. ¡Rag!" (De acuerdo. ¡Hasta luego!).
Skirmish se levantó de la mesa, hizo un gesto al grupo y juntos salieron del local.
"Me he encontrado con un 'amigo' que tiene las coordenadas de una base de la Alianza. He quedado con él en la pista 8 dentro de 6 horas" dijo John nada más abandonar el tugurio.
Hubble, Pike y los científicos se miraron entre sí. "¿Podemos confiar en tu amigo?" dijo Hubble.
"Yo creo que sí. Es la mejor opción que tenemos hasta ahora. Skirmish, ¿has conseguido una nueva nave?"
"Casi. Dentro de una hora he quedado con Kirel para terminar el trato. Deberíamos volver para encender las células de potencia de la lanzadera. Tenemos el tiempo justo."
Tras un cuarto de hora de paseo, los rebeldes llegaron al espaciopuerto. La cabina de control estaba cerrada, y la masa gris de la lanzadera parecía amenazadora en la oscuridad.
"No está Kuruss para abrir la nave. ¿Y ahora qué?"
"El plan es este" dijo John. "En primer lugar vamos a usar los medpacks de emergencia de la nave para curarte a ti y a Hubble. Luego, los científicos, los impes, Pike y yo nos quedamos en la lanzadera. Despegamos y nos ponemos en órbita para que no nos tiendan una emboscada. Mientras, Hubble y tú hacéis el trato."
"Bueno, si no hay más remedio. ¿Cómo vais a abrir el cerrojo?"
John miró el cerrojo de seguridad, apuntó con su bláster, y con un disparo partió el mecanismo en multitud de pequeños pedacitos. "¡Vaya! Pues no era un cerrojo de tan alta seguridad."
Media hora más tarde la lanzadera era un puntito de luz que se perdía en el infinito. Skirmish y Hubble volvieron hacia la cantina, donde les esperaban los dos squibs y un humano regordete, calvo y con gafas de sol.
"Ya empezábamos a impacientarnos" dijo el humano.
"Pues hemos llegado a la hora."
"Bueno. Dice Kirel que la nave es una lanzadera de carga imperial con carga de sensores. ¿Está en buenas condiciones?"
"Está nueva totalmente. Y el equipo aún está embalado"
"Eso lo comprobaré por mí mismo. ¿Dónde tenéis la nave?"
"Ups" dijo Skirmish "Hum... ¿tenéis acceso a un comunicador subespacial?"
"¿Para qué?". El humano empezaba a ponerse nervioso.
"Es que,... mis amigos están orbitando el planeta en la lanzadera en este momento..."
"¡¿Como?! ¡Te estás burlando de nosotros! ¡Esta no es manera de hacer negocios! ¡Vámonos de aquí!"
"¡No, espera! Es verdad, ha sido un pequeño error por nuestra parte. Si les llamamos vendrán en seguida."
El humano había enrojecido notablemente por el enfado. Su respiración se había hecho más rápida, pero empezó a calmarse poco a poco. "Llamaremos nosotros, y quedaremos aquí dentro de otra hora. ¿Cuál es su banda de frecuencia? ¿Tenéis alguna clave para comunicaros?"
"22000 en el transceptor del espectro. No tenemos ninguna clave... con decirles que llamáis a la lanzadera con el cerrojo roto creo que bastará."
"Está bien. Hasta dentro de una hora.
El espacio parecía tranquilo desde la lanzadera. No había tráfico espacial en el sistema. "Demasiado tranquilo", pensaba John. "Hay una guerra ahí fuera, en alguna parte".
La luz del comunicador subespacial se encendió de forma intermitente. Extrañado, John activó el comunicador.
Una voz humana desconocida empezó a hablar entre los chasquidos de las interferencias: "Llamando a lanzadera con el cerrojo roto. El trato se ha pospuesto. Deberéis aterrizar para reuniros con vuestros amigos para que podamos revisar la mercancía."
"¿Y por qué no son ellos los que nos dicen esto?"
"Por que el comunicador es nuestro. No queremos hablar de negocios por radio".
Y con un chasquido la comunicación se cortó.
"Me temo que no habrá más remedio que bajar. No sé qué nos encontraremos abajo, pero no hay otra salida. No tenemos a dónde ir de todos modos" musitó John.
Un rato más tarde la lanzadera aterrizó en la pista 8, iluminada por las luces de posición que Skirmish había encendido tras forzar la puerta de la garita de control. Tras explicar lo sucedido, él y Hubble volvieron a la cantina a seguir el trato. John se quedó en la puerta del hangar para vigilar y Pike en la escotilla de entrada de la lanzadera.
Los dos rebeldes llegaron a la cantina, donde los tres 'comerciantes' les esperaban montados en un pequeño esquife repulsor de pasajeros.
"¿Tenéis la nave? dijo el humano.
"Sí, en la pista 8 del espaciopuerto." contestó Skirmish.
"Bien, montad. Nos vamos ahora mismo." fue su réplica.
Mientras John vigilaba en la puerta del hangar, empezaba a preocuparse por la tardanza. Escuchó el zumbido de un motor de repulsión acercándose, y llamó con un silbido a Pike.
"¿Qué pasa?"
"Alguien se acerca. Estate preparado"
John apuntó con su rifle hacia la oscuridad, que no le dejaba ver nada más que la silueta de un vehículo acercarse, con varias figuras dentro hablando.
Estaba poniéndose muy nervioso hasta que reconoció la voz de Skirmish hablando con Hubble. Con un suspiro de alivio, advirtió a Pike y se relajó.
Todo el grupo recién llegado entró al hangar. Skirmish se dirigió a encender las luces pero el humano le detuvo: "¿qué vas a hacer? ¿Quieres que se entere toda la ciudad de dónde estamos?"
"¿Y cómo vas a ver la nave sin luces?" fue su contestación.
"No me hacen falta las luces", y diciendo esto manipuló unos pequeños controles en sus gafas de sol.
Tras dar un par de vueltas alrededor de la nave, se dirigió al repulsor y sacó una pequeña maleta. Acercándose a la nave, activó un panel de acceso que comunicaba con el ordenador de a bordo. Abrió el maletín, que era un ordenador portátil de chequeo y diagnóstico de naves, y conectándolo a la entrada de datos, empezó un diagnóstico de la lanzadera.
Hubble sospechaba mucho de ellos, así que se acercó (mucho) para controlar lo que hacía. También Skirmish se acercó, pero por mera curiosidad.
"¿Queréis dejarme sitio para trabajar?" masculló el humano.
Hubble se retiró pero no le perdió de vista. Skirmish no se retiró, era demasiado curioso como para eso.
"Esto parece estar bien. ¿Y la carga?"
"Totalmente nueva."
"Eso lo evaluaré yo. Vamos a verla."
Tras echar un ojo por dentro a la nave y a la carga. El humano se dispuso a hacer cuentas. "En total el cambio será el carguero y 5.000 créditos standard. Y NADA MAS."
"Bueno, pero habrá que examinar la nave primero, por si tenéis que subir vuestra oferta."
El humano le miró con unas ganas crecientes de estrangularle...
El deslizador surcaba un bosque ligero fuera de los límites de la ciudad, en la fresca brisa nocturna de Skor II. Dentro iban el humano, los dos squibs, Hubble Tree y Skirmish, a ver la nave que iban a recibir los rebeldes. Pilotaba el deslizador el humano, que no había querido dejar a Skirmish a los mandos. Se dirigían a un cañón rocoso en forma de semicírculo, con altas torres rocosas.
"¡Hey, esto debe ser el cañón de la Cicatriz de la Muerte. Sabes" dijo mirando a Hubble "cuenta nuestra mitología que el gran Quaark, una figura venerada de nuestra historia, enfermó una vez mortalmente. La muerte, de pelaje blanco, ojos negros y cargada de cadenas forjadas en el más allá, vino a por él. Pero Quaark hizo un trato con ella. Su vida por una estrella, Quirio. Y la muerte aceptó. Quirio se apagó y Quarrk sanó. Pero la muerte no le preguntó si la estrella era suya, lo que le trajo algunos problemas... En represalia, la muerte golpeó Skor II con sus cadenas, abriendo el cañón en el que estamos pasando..."
"¿PUEDES HACER QUE TU AMIGO SE CALLE...?" dijo el humano, con una vena palpitándole en la sien. "En cuanto pueda me largo de este maldito planeta" musitó para sí.
El deslizador llegó por fin a una especie de base escondida en los cañones. El grupo se bajó del deslizador y entraron en la sección de hangares. Un grupo de técnicos trabajaba febrilmente en mucha y variada maquinaria. Había naves en reparación, otras hechas chatarra, etc. Era un sitio muy bien montado.
"¡Vaya! ¡Esto está muy bien montado! ¡Sois unos contrabandistas de primera!" dijo Skirmish.
"NO SOMOS CONTRABANDISTAS. Somos comerciantes" contestó el humano muy enfadado.
"¿Y no os interesaría un gran piloto?" dijo Skirmish ignorando el enfado de aquel.
"Cuando vea uno ya hablaremos" girándose hacia sus dos socios squibs, continuó "Voy a la oficina. Enseñadle la nave, y no subáis ni un crédito más."
Los squibs guiaron a los rebeldes hacia un hangar donde estaba situado el carguero ligero. Skirmish lo revisó y sorprendentemente parecía estar en perfecto estado, casi nuevo. "Voy a hacer un chequeo de diagnóstico con el ordenador de a bordo".
Kirel abrió la trampilla de carga y entraron todos en la nave. Skirmish se dirigió hacia la cabina, seguido de cerca de los dos desconfiados squibs ("Como ha cambiado mi gente en el tiempo que he estado fuera" pensó Skirmish). El chequeo de diagnóstico no dio ningún problema, todo estaba perfectamente. La nave estaba lista para despegar.
"De acuerdo. Cerremos el trato."
El grupo se dirigió a la oficina. Allí el humano le dio a Skirmish las tarjetas de registro de la nave, del anterior propietario, los permisos y demás (todos falsificados, por supuesto). Cargó en una tarjeta monedero los 5.000 créditos y se la guardó en un bolsillo. "El dinero te lo daré cuando tengamos aquí la lanzadera. Vamos a mandar un piloto al espaciopuerto para que la traiga hasta aquí, y podréis iros."
"Vale. Voy a avisar a mis compañeros por el comunicador para que vengan en la lanzadera y así nos reuniremos todos aquí."
Un rato más tarde la lanzadera se introducía por la escotilla superior del oculto hangar de los 'comerciantes'. Nada más aterrizar la lanzadera y descender los rebeldes y sus prisioneros imperiales de ella, un grupo de técnicos se dirigió hacia ella y empezó a cambiarle la pintura, a borrar las marcas imperiales, a cambiar la señal de identificación y a borrar la memoria de a bordo. Muy eficientemente. Tan eficientemente que en pocos momentos la nave parecía otra lanzadera totalmente distinta.
Cuando todos los rebeldes estaban a punto de entrar en la nueva nave, el jefe de los comerciantes se acercó a Skirmish y le dijo: "Toma el dinero. Y recuerda, no te he visto nunca, no he hecho nunca tratos contigo y no quiero volver a verte nunca."
"Desde luego" contestó Skirmish "No quiero volver a hacer tratos con un aficionado tan desagradable como tú" murmuró por lo bajo.
Poco antes de despegar hubo una discusión en el carguero entre John y Skirmish en cuanto a la supuesta repartición de los 5.000 creditos extra que había recibido éste. John decía (apoyado por Hubble por supuesto) que debería ser para ellos ya que ellos no iban a recibir nada y la nave iba a ser para Skirmish, o como mínimo que deberían recibir una parte. Skirmish no estaba de acuerdo, ya que consideraba que había perdido demasiado en Kessel (su nave, su querido amigo R2D6 y el resto de su equipo) y que los 5.000 créditos lo compensarían. Además consideraba que la Alianza le había mentido y lo había metido en una misión casi suicida sin advertirle contando con su inocencia, por un pago de sólo 7.500 créditos para una misión tan difícil como esa y habiendo salido con vida de milagro (dos tratos con la muerte en un mismo día es excesivo incluso para un squib). Hubo una fuerte discusión pero las cosas quedaron en tablas. La urgencia mayor era abandonar el planeta.
El techo del hangar se abrió lateralmente, y el pequeño carguero se elevó por encima de las montañas. Activando los propulsores principales, la nave partió a velocidad máxima hacia el espaciopuerto.
"Tenemos el tiempo justo. Tenemos que recoger a mi amigo en breves momentos" dijo John.
"No es problema. La nave es rápida. Llegaremos a tiempo."
Tras aterrizar en la pista 8, John y Hubble descendieron de la nave. Hubble se quedó vigilando la entrada, mientras John recorría la oscuridad del hangar.
Nadie. No había llegado. ¿O sí? Un susurro a la espalda de John le hizo girarse para ver aparecer de entre las sombras a la figura encapuchada, con los brazos cruzados.
"¿Cuándo has llegado?" dijo John.
"Ahora mismo. ¿Nos vamos?" contestó el encapuchado.
"Sí, por cierto, ¿cómo te llamas?"
"Snap", dijo con cierto reparo.
"Vamos."
Hubble no se fiaba un pelo del encapuchado. Tanto era así que le encañonó todo lo sutilmente que pudo.
Mientras John y el encapuchado se dirigían a la nave, la dura punta del cañón de un bláster se clavó en la espalda de John.
El encapuchado seguía con los brazos cruzados.
"Un movimiento y eres hombre muerto".
"¿Qué es lo que pasa contigo?" musitó John.
"Tendremos a tu amigo y os tendremos a vosotros".
Alguien le agarró del cuello y el encapuchado se ocultó tras él utilizándole como escudo. En ese momento de cada una de las sombrías esquinas del hangar apareció un cazarrecompensas. A John le olía todo esto muy mal.
Hubble se dio cuenta del problema, pero si disparaba al encapuchado podía fallar y darle a John. Pero si no lo hacía... Apunto rápidamente y disparó...
...John no tuvo tiempo más que de ver el fogonazo del bláster. Seguidamente el encapuchado cayó al suelo, con un agujero de bláster en su humeante cabeza reptilesca, y al caer sus cuatro brazos quedaron extendidos como si de una araña panza arriba se tratase.
En el interior de la nave todo el mundo dio un salto al escuchar el primer disparo de bláster. Pike se dirigió a la escotilla de carga rápidamente, y Skirmish se dirigió a una de las dos torretas de artillería de la nave mientras gritaba "¡Mi nave nueva no! ¡Mi nave nueva no!".
Sin perder el tiempo John rodó por el suelo y disparó a los dos cazarrecompensas que tenía a la vista sin darles tiempo a reaccionar. Los rayos de bláster iluminaron la semioscuridad del hangar. A pesar de su rápida maniobra sus disparos fueron certeros. Uno cayó instantáneamente con un disparo en el pecho. El otro resultó solamente herido en un brazo, pero devolvió el fuego fallando por poco.
Hubble se cubrió con el servoelevador de la puerta lo más que pudo y abrió fuego. Pike llegó corriendo en ese momento, y sin preguntar nada se lanzó al suelo y empezó a disparar a todo lo que se movía.
El hangar era ya zona de batalla. Los fogonazos de los blásters hacían que la zona se iluminase amenazadoramente. Los impactos fallidos hacían grandes agujeros en las paredes del hangar desprendiendo esquirlas de permacita por doquier.
John volvió a disparar desde su posición cuerpo a tierra alcanzando al cazarrecompensas herido en el abdomen. La ligera armadura de éste no fue suficiente para deflectar el rayo de bláster y su propietario cayó al suelo como una marioneta sin hilos. Los otros dos cazarrecompensas dispararon a Hubble y a Pike. Los rayos de bláster surcaron el hangar,y levantaron nubes de humo al impactar el casco de la nave.
Un siguiente disparo consiguió herir levemente a Pike en el brazo, pero apretando los dientes con fuerza en una mueca salvaje éste siguió combatiendo.
De la calle empezó a escucharse el ruido de un gran gentío.
Skirmish llegó hasta la torreta inferior. Se sentó en el puesto de artillero y activó los sistemas que empezaron a zumbar suave y lentamente mientras tomaban energía. "Cañones de artillería naval contra personas. ¡Qué masacre!" pensó.
Hubble seguía parapetado tras el servoelevador de la puerta. Haciendo gala de la puntería adquirida en largos años de trabajo como cazarrecompensas hirió a uno de sus colegas. Éste disparó a su vez, pero su disparo salió desviado y se estrelló contra el casco de la nave. Sin perder tiempo John lo remató con otro certero disparo. Pike, aunque estaba nuevamente herido, disparó certeramente desde la rampa de entrada de la nave al último cazarrecompensas que quedaba en pie, antes de que éste pudiese devolver el fuego, acertándole en el pecho con un disparo que lo dejó fuera de combate.
Al escuchar el griterío cada vez más cerca, John le gritó a Skirmish: "¡¡¡Skirmish!!! ¡Activa los motores! ¡Nos vamos!"
Skirmish suspiró desde dentro de la torreta inferior, abandonó los aún inútiles mandos de artillería y corrió de nuevo hacia la cabina.
Ya se podía ver el gentío que se acercaba. Una figura encapuchada corría al máximo de su capacidad perseguida por unos quince cazarrecompensas armados. Los rayos de bláster empezaron a iluminar la noche intentando alcanzar al fugitivo.
Hubble y Pike entraron en la nave. John dio fuego de cobertura al encapuchado y le esperó hasta que llegó hasta su altura, momento en el que ambos entraron corriendo en el carguero.
Los rayos de bláster empezaron a golpear el casco de la nave.
"¡Deprisa Skirmish, sácanos de aquí!"
Al no haber nadie haciéndoles frente, los cazarrecompensas se envalentonaron y entraron en el hangar. Uno de ellos incluso sacó una granada, pero si llegó a usarla o no, los rebeldes no se enteraron de ello, porque la nave se elevó rápidamente y abandonó el espaciopuerto a toda velocidad.
John y el encapuchado habían sido los últimos en entrar, y se recuperaban de la fatiga en el pasillo de entrada a la nave. La figura vestida de negro respiraba fatigosamente tras semejante carrera. Se recuperó rápidamente, y se quitó la capucha. A la luz del pasillo, John pudo verle claramente por primera vez. Era un alienígena de piel color azul pastel, orejas puntiagudas y una melena blanca. Era hocicudo. La ropa que llevaba era un término medio entre una túnica y un gabán, llena de bolsillos. Una bandolera de munición cruzaba su pecho desde el hombro, y llevaba un bláster a cada lado de la cintura ("un DL44 y un DL18 si no me equivoco" pensó John). Lo más llamativo era una especie de cilindro metálico que colgaba de su cinturón. De unos 20 a 30 centímetros de largo, tenía unos pequeños mandos en su base. "Un sable de luz. El arma de todo caballero jedi" dijo el desconocido con una suave voz melodiosa, casi como si cantara, al observar el escrutinio de John. "Te agradezco mucho que me esperáseis. Tuve un pequeño problema con mis amigos y no pude deshacerme de ellos. En fin, vamos a la cabina. Debemos irnos de aquí."
Hubo un poco de revuelo al verle. Nadie identificó su especie, pero tampoco se preocuparon de preguntarle.
"Me presentaré. Me llamo Tafiichsaidie, pero podéis llamarme Tafi. ¿Conocéis el sistema Dorman?" dijo.
Los rebeldes movieron la cabeza en señal negativa.
"Bien. Esta es una buena ocasión para conocerlo" y cargando una tarjeta de datos en el computador de hiperimpulso, se dispusieron para el salto a la velocidad de la luz.
...mientras tanto, en otro sistema.
La estilizada forma de una lanzadera de pasajeros clase lambda se introdujo en el hangar del Oposición, un enorme crucero de ataque de Loronar. Rodeada por una nube de vapor la escotilla delantera se abrió con un siseo. Dos figuras destacaron con un vívido color rojo entre la neblina. Dos figuras vestidas con armaduras de soldado de asalto de color rojo y armados con rifles bláster pesados A280 de Blastech. Dos figuras que con precisión militar cubrieron la salida de la lanzadera mientras descendía el capitán de la nave.
Alto y vestido con una armadura roja similar a la de la guardia real imperial, el capitán conocido como Red Mask, el enviado del emperador, descendió tranquilamente de la lanzadera seguido por otras dos figuras acorazadas vestidas de rojo y armadas pesadamente.
Un teniente acudió a recibirle por entre la guarnición de soldados de asalto preparada para rendirle honores.
"Capitán, el fugitivo ha conseguido escapar y ha vuelto a reunirse con los rebeldes".
"Lo sé, teniente. Lo había previsto. Me interesa que su conocimiento sobre la Fuerza aumente algo más".
"¿Señor?".
"Es un idealista. Quizás lo pueda atraer hasta mi lado, cuando comprenda mi punto de vista, cuando su conocimiento sea más profundo".
Red Mask siguió andando tranquilamente a grandes zancadas, seguido por el teniente y guarnecido por los cuatro soldados de armadura roja. Se detuvo, y volviéndose miró a través del cierre magnético del hangar hacia el infinito del espacio. "Sí. Algún día le encontraremos y entonces comprenderá el estado natural de las cosas, o morirá".
Jorge Arredondo dungeonero < at > gmail