A. MERRITT

Prólogo
La publicación de la siguiente narración del Dr. Walter T. Goodwin ha sido autorizada por el Consejo Ejecutivo de la International Association of Science.
Primero:
Para terminar oficialmente con lo que está comenzando a llamarse el Misterio de Throckmartin y para acallar las inmundas y escandalosas sospechas que han amenazado con manchar la reputación del Dr. David Throckmartin, su joven esposa, y su igualmente joven asociado Dr. Charles Stanton incluso desde que un despacho tardío de Melbourne, Australia, informó de la desaparición del primero de una nave que se dirigía a ese puerto, y los subsiguientes informes de la desaparición de su esposa y su asociado del campamento de la expedición en las Islas Carolina.
Segundo:
Habiendo llegado a la conclusión, el Consejo Ejecutivo, de que las experiencias del Dr. Goodwin en su heróico esfuerzo por salvarles a los tres, y las lecciones y advertencias inherentes a dichas experiencias, son demasiado importantes para la humanidad como para permanecer escondidas en papeles científicos comprensibles unicamente al técnico educado; o como para ser presentadas en la prensa en la manera mutilada y fragmentaria que las limitaciones de espacio de dicho vehículo hacen necesarias.
Por estas razones, el Consejo Ejecutivo comisiona al señor A. Merritt para transcribir de forma legible y comprensible las notas estenográficas del propio informe del Dr. Goodwin al Consejo, suplementadas por diálogos y comentarios del Dr. Goodwin; esta transcripción, editada y censurada por el Consejo Ejecutivo de la Asociación, forma el contenido de este libro.
Miembro, él mismo, del Consejo, el Dr. Walter T. Goodwin, Ph.D., F.R.G.S. etc., es sin duda, el botánico americano más destacado, un observador de reputación internacional y el autor de varios tratados acerca de su elegida rama de la ciencia. Su relato, asombroso en el mejor sentido que pueda tener esa palabra, está ampliamente soportado por pruebas aportadas por él mismo y aceptadas por la organización de la cual tengo el honor de ser el presidente. Aquellas materias que hayan sido eludidas en esta presentación popular--debido a las amenazas potenciales que contiene, que podrían desarrollarse con una distribución no controlada--serán tratadas en panfletos puramente científicos de circulación cuidadosamente restringida.
THE INTERNATIONAL ASSOCIATION OF SCIENCE
Por J. B. K., Presidente
CAPÍTULO I
La Cosa en el rayo de luna
DURANTE dos meses había yo permanecido en las Islas d'Entrecasteaux recopilando datos para los capítulos finales de mi libro acerca de la flora de las islas volcánicas del Sur del Pacífico. El día anterior había llegado a Port Moresby y había podido ver cómo mis especímenes se encontraban a salvo, almacenados a bordo del Southern Queen. Mientras tomaba asiento en la Cubierta Superior pensé, con nostalgia, en la larga distancia que me separaba de Melbourne, y en la aún mayor entre Melbourne y New York.
Era una de esas mañanas doradas de Papúa cuando se muestra a sí misma del modo más sombrío, más funesto. El cielo estaba teñido de un ocre llameante. Sobre la isla descansaba un espíritu sombrío, ajeno, implacable, empapado con la amenaza de latentes, maléficas fuerzas esperando para ser desatadas. Parecía una emanación desde el indómito, siniestro corazón de la misma Papúa -- siniestra hasta cuando sonríe. Y ahora y entonces, en el viento, se percibió el aliento de las junglas vírgenes, poblado de extraños olores, misteriosos y amenazantes.
Es en dichas mañanas cuando Papúa te susurra acerca de su ancestral antigüedad y sobre su poder. Y, como debe hacer cualquier hombre blanco, luché contra su hechizo. Mientras me esforzaba en ello, observé una alta figura que se dirigía hacia la escolladura; le seguía un muchacho Kapa-Kapa cargando un maletín nuevo. Había algo familiar en aquel hombre alto. Al alcanzar la pasarela miró hacia arriba, directamente hacia mis ojos, se detuvo por un instante, y levantó su mano.
Ahora le reconocía. Era el Dr. David Throckmartin-- "Throck" como yo le llamaba, uno de mis más viejos amigos y, además, una mente de primera cuyos logros y poder eran para mí una constante inspiración como suelen serlo los éxitos de los demás.
Nada más reconocerle experimenté una sorpresa, absolutamente desagradable. Era Throckmartin--pero en él había algo sobrecogedoramente distinto al hombre al que yo conocía tan bien y a cuyas pequeñas fiestas había yo acudido a despedirme hace menos de un mes, antes de ponerme a navegar por esto mares. Había desposado, unas pocas semanas antes, a Edith, la hija del Profesor William Frazier, más joven que él en al menos en una década, pero compenetrada con él en sus ideas además de en el amor, si tal cosa era posible en Throckmartin. Era, gracias a la educación de su padre, una maravillosa ayudante, y gracias a su propia dulzura, una--uso la palabra en su antiguo significado--amante. Con su igualmente joven asociado el Dr. Charles Stanton y una mujer sueca, Thora Halversen, que había sido la asistente de Edith Throckmartin desde su niñez, habían partido hacia el Nan-Matal, ese extraordinario grupo de ruinas isleñas dispersas en la costa este de Ponape en las Carolinas.
Yo sabía que había planeado pasar al menos un año entre esas ruinas, no sólo las de Ponape sino también las de Lele-- centros gemelos de un colosal enigma para la humanidad, una misteriosa flor de la civilización que floreció eras antes de que las semillas de Egipto fueran sembradas; de cuyas artes sabemos aún tan poco y de cuya ciencia no sabemos nada. Había llevado consigo un equipo inusualmente completo para el trabajo que esperaba hacer y que, según esperaba, sería su consagración.
¿Qué habría llevado a Throckmartin hasta Port Moresby, y en qué consistiría el cambio que había sentido en él?
Apresurándome hasta la cubierta Inferior, le encontré con el sobrecargo. Al hablarle se volvió, alargó hacia mi una mano ansiosa--y entonces ví cual era aquella diferencia que tanto me había agitado. Supo, a causa de mi silencio y de mi involuntario escalofrío la impresión que una mirada de cerca me había producido. Sus ojos se nublaron; se volvió bruscamente al marinero, vaciló...luego se apresuró a su camarote.
"Parece un poco excéntrico--¿eh?" dijo el sobrecargo. "¿Le conoce bien, señor? Parece haberle dejado bastante sobresaltado."
Contesté cualquier cosa y subí lentamente a mi butaca. Allí sentado, ordené mi mente e intenté qué era lo que me había aterrado tanto. Ahora lo veía claro. El antiguo Throckmartin estaba en vísperas de su fortuna recién cumplidos los cuarenta, flexible, erguido, muscular; su controlada expresión de entusiasmo, de brillantez intelectual, de--cómo lo expresaría --búsqueda expectante. Su mente, siempre escrutadora, había estampado su vigor en su rostro.
Pero el Throckmartin que había visto abajo parecía haber soportado un experiencia horripilante; algún cataclismo en su alma, que en su climax había remodelado, desde lo más profundo, su rostro, confiriéndole un expresión de éxtasis y desesperación; de hecho, tanto uno como otro habían llegado a él mano a mano, tomado posesión de él y partido dejándole, irrevocablemente, una sombra vinculada a su alma.
Si...Algo así debía ser. Pero ¿Qué clase de éxtasis y horror, mezcla de Cielo e Infierno, le había tocado? ¡Aún se apreciaba su rastro en la cara de Throckmartin!
Absorto en mis pensamientos, aliviado inconscientemente, observé alejarse la orilla; dí la bienvenida a la brisa del mar abierto. Había esperado, y esa esperanza llevaba consigo un inexplicable escalofrío, que volvería a ver a Throckmartin en el almuerzo. No bajó, y yo era consciente de que esa desilusión me aliviaba. Toda aquella tarde yací inquieto en la tumbona, pero él se mantenía en su camarote ...y yo no me hallaba con fuerzas para ir a buscarle. Tampoco salió a cenar.
El crepúsculo y la noche cayeron rápidamente. Tenía calor y me senté fuera, en la tumbona. El Southern Queen se balanceaba en un agitado oleaje y tenía toda la cubierta para mi.
Sobre el cielo se veía una bóveda de nubes, brillando débilmente y revelando a la luna situada detrás de ellas. Había una gran fosforescencia. Frente al barco y a sus lados, se alzaban esos extraños remolinos de niebla que aparecen en el Océano meridional como el aliento de monstruos marinos, girando por un instante y desapareciendo.
De repente se abrió la puerta de la cubierta y al otro lado estaba Throckmartin. Se detuvo dudando, observando el cielo con una curiosa ansiedad, expectación, duda, luego cerró la puerta tras de sí.
"Throck," Llamé. "¡Venga! Soy Goodwin."
Se dirigió a mi.
"Throck," dije, sin gastar tiempo en preliminares. "¿Qué le ocurre? ¿Puedo ayudarle?"
Sentí cómo su cuerpo se tensaba.
"Me voy a Melbourne, Goodwin," respondió. "Necesito unas cuantas cosas--las necesito urgentemente. Y más hombres-- hombres blancos--"
Se detuvo abruptamente; se alzó de su tumbona, excrutó intensamente hacia el norte. Seguí su mirada. Allá, en la lejanía la luna asomaba entre las nubes. Casi en el horizonte, podía verse su débil luminiscencia sobre el suave mar. Los lejanos rayos de luz se agitaban y temblaban. Las nubes se espesaron de nuevo y la taparon. El barco navegaba hacia el Sur, rápidamente.
Throckmartin se dejó caer en su tumbona. Encendió un cicarrillo con una mano temblorosa; luego se volvió hacia mi con abrupta resolución.
"Goodwin," me dijo. "Necesito ayuda. Si algún hombre la necesita, soy yo. Goodwin...¿Podrías imaginarte a tí mismo en otro mundo, extraño, desconocido, un mundo de terror, cuyo gozo desconocido es el mayor terror de todos?; ¡Tu solo allí, un extranjero! Tanto como pueda un hombre necesitar ayuda, la necesito--"
Calló abruptamente y se levantó; el cigarrillo cayó de sus dedos. La luna asomaba de nuevo entre las nubes, y en esta ocasión mucho más cerca. Ni a una milla se hallaba el rayo de luz que arrojó sobre las olas. Al fondo, al borde del mar había una senda de luz de luna; una gigantesca y destelleante serpiente corriendo por el filo del mundo en dirección a nuestro barco.
Throckmartin se puso rígido como un sabueso ante una presa oculta. Me transmitió un estremecimiento de horror...de un horror teñido de un gozo desconocido, infernal. Llegó a mi y se fue...dejándome tembloroso con un golpe de amarga dulzura.
Se inclinó hacia delante, con toda su alma en sus ojos. El rayo de luna se arrastró más cerca, y más aún. Ahora estaba a menos de media milla. El barco parecía huir de él...como si fuera perseguido. Por encima suyo, recto y veloz, como un torrente surcando las olas, volaba el rayo de luna.
"¡Buen Dios!" exhaló Throckmartin, y si alguna vez esas palabras han sido una oración o una invocación, fue allí.
Y entonces, por primera vez--¡Lo vi!
El rayo de luna se ensanchó en el horizonte, rodeado por la oscuridad. Era como si las nubes de arriba se hubieran partido para formar una senda-corridas a un lado como cortinas o como las aguas del Mar Rojo fueron detenidas para permitir el paso de las huestes de Israel. A cada lado del torrente de luz se hallaban las negras sombras arrojadas por los pliegues de las altas bóvedas y rectos como una carretera entre esos muros opacos destelleaban, resplandeacían, y danzaban los brillantes, veloces, ráidos de la luz de la luna.
Lejos, inmensurablemente lejos, a lo largo de ese río de fuego plateado sentí, más que ví, algo que venía. Se mostró primero a mi vista como un brillo más profundo en la luz. Cada vez más, se acercaba a nosotros...una bruma opalescente como si se tratara de algun tipo de criatura alada en vuelo picado. Borrosamante se abrió paso en mi mente el recuerdo de la leyenda de Dyak sobre el mensajero alado de Buda-- el pájaro Akla cuyas plumas están tejidas por los rayos de la luna, cuyo corazón es un ópalo viviente, cuyas alas en vuelo evocan la clara y cristalina música de las blancas estrellas--pero cuyo pico es de fuego helado y hace trizas las almas de los no creyentes.
Conforme se acercaba más y más, vino a mi un dulce e insistente tintineo--como un pizzicato de violines de cristal; claro y cristalino; ¡Como si los diamantes sonaran!
Ahora la Cosa estaba cerca del final del rayo de luna; cercana a la barrera de oscuridad que aún se alzaba entre el barco y la rutilante punta del torrente lunar. Golpeaba ahora conta esa barrera como un pájaro haría contra los barrotes de su celda. Giró con destelleantes plumas, con remolinos de diáfana luz, con espirales de vapor viviente. Se acercaba, en su grotescos, desconocidos brillos como de nácar. Coruscaciones y átomos destelleantes se arrastraban a su través como si manaran de los rayos en los que estaban bañados.
Se acercaba más y más, sostenido por las gallardas olas, y siempre frenado, mermado por el muro protector de sombras entre "ello" y nosotros. En el interior de la bruma había un foco, un núcleo de intensa luz...veteada, opalina, llameante, intensamente viva. Y por encima de ello, enredadas en las plumas y espirales que palpitaban y remolineaban había siete radiantes luces.
Por entre el incesante pero extrañamente ordenado movimiento de la--COSA--esas luces se mantenían firmes y estables. Eran siete...como siete pequeñas lunas. Una era de un rosa perlado, una de un delicado y anacarado azul, una de vivo azafrán, una del esmeralda que puede verse en las aguas profundas de las islas tropicales; una mortalmente blanca; una fantasmal amatista; y una de ese plateado que sólo se ve cuando el pez volador salta bajo la luna.
La tintineante música aún se escuchaba. Perforaba los oidos con una ducha de delgadas lanzas; hacía latir de júbilo el corazón...y lo detenía dolorosamente. ¡Cerraba la garganta con un latido de éxtasis y agarraba fuerte con la mano de un infinito pesar!
Llegó hacia mi un aullido apagado, aún como de notas cristalinas. Era articulado...pero como de algo totalmente ajeno a este mundo. El oído cogió ese sonido y lo tradució con trabajo a un sonido de este mundo. E incluso a ese compás, la mente se hundía en él irresistiblemente, y simultaneamente parecía alcanzarlo con irresistible anhelo.
Throckmartin se apresuró al frente de la cubierta, derecho hacia la visión, ahora a unas pocas yardas de popa. Su rostro había perdido toda semejanza humana. Una agonía y un éxtasis absolutos...allí estaban cara a cara, sin resistirse uno a otro; impíos e inhumanos compañeros mezclados en una mirada que ninguna de las criaturas de Dios debiera tener...¡y dentro, en lo más profundo de su alma! ¡Un Dios y un diablo morando en armonía cara a cara! Como si Satán, nuevamente caído, aún divino, viendo el cielo y contemplando el infierno, hubiera aparecido.
Y entonces...¡Rápidamente, el rayo de luna se esfumó! Las nubes cubrieron el cielo como si una mano hubiera tirado de todas ellas a la vez. Se escuchó un rugiente chillido que venía del sur. Al desvanecerse la luna, lo que yo había visto se desvaneció con ella--borrado como una imagen de una linterna mágica; el tintineo cesó abruptamente...dejando un silencio al que siguió el abrupto estampido de un trueno. ¡No quedaba a nuestro alrededor sino silencio y negrura!
Me invadió un temblor, como si hubiera permanecido al borde del abismo, como el que los hombres de las Luisadas dice que trae el comedor de almas, y hubiera podido librarme por pura casualidad.
Throckmartin me rodeó con uno de sus brazos.
"Es como yo pensaba," me dijo. En su voz había una nueva nota; la tranquila certeza había barrido a un lado el expectante terror a lo desconocido. "¡Ahora lo sé! Ven conmigo a mi camarote, viejo amigo. Ahora que tu también lo has visto, puedo decirte"-- vaciló--"qué es lo que viste," terminó.
Al cruzar la puerta nos topamos con el Primer Oficial del barco. Throckmartin compuso su rostro como pudo, en un intento de aparentar normalidad.
"¿Va a haber tormenta?" preguntó.
"Si," dijo el hombre. "Probablemente todo el camino a Melbourne."
Throckmartin se irguió como resuelto a un nuevo propósito. Agarró ansiosamente las mangas del oficial.
"¿Se refiere a que estará nublado durante...?"--dudó--"¿Para las próximas tres noches, dice usted?"
"Y otras tres más aún," replicó el hombre.
"¡Gracias a Dios!" gritó Throckmartin, y creo que nunca había escuchado en su voz tanto alivio o esperanza.
El marino quedó asombrado. "¿Gracias a Dios?" repitió."¿A qué gracias se refiere?"
Pero Throckmartin se dirigía ya a su camarote. Comencé a seguirle. El Primer Oficial me detuvo.
"Su amigo," me dijo, "¿está enfermo?"
"¡El mar!" Respondí apuradamente. "No está acostumbrado a él. Iré a tranquilizarle."
La duda y la desconfianza se reflejaron en los ojos del marino, pero me apresuré. Por lo que yo sabía Throckmartin estaba, de hecho, enfermo...pero la suya era una enfermedad que ni el doctor del barco ni ningún otro podrían sanar.
CAPITULO II
"¡Muertos! ¡Todos muertos!"
ESTABA SENTADO, en el borde de su litera, con la cara en las manos, cuando entré. Se había quitado la chaqueta.
"Throck," le grité. "¿Qué era eso? ¿De qué estás huyendo, hombre? ¿Donde están tu mujer...y Stanton?"
"¡Muertos!" replicó monótonamente. "¡Muertos! ¡Todos muertos!" Y añadió mientras me acercaba "Todos muertos. Edith, Stanton, Thora...muertos...o algo peor. Y Edith en el estanque de la Luna...con ELLOS...retenidos por aquello que viste en el rayo de luna...aquello que ha puesto su sello en mi...¡y me sigue!"Se abrió la camisa.
"Mira esto," dijo. Alrededor de su pecho, sobre su corazón, la piel estaba tan blanca como una perla. Era ésta una blancura marcadamente definida contra el saludable tinte del cuerpo. Le rodeaba con una lisa banda de unas dos pulgadas de grosor.
"¡Quémalo!" dijo, y me ofreció su cigarrillo. Retrocedí. Gesticuló...perentoriamente. Presioné la encendida punta del cigarrillo sobre la franja de carne blanca. No se quejó ni hubo olor alguno a carne quemada, y cuando separé el pequeño cilindro, no había ninguna marca en aquella blancura.
"¡Tócalo!" ordenó de nuevo. Puse mis dedos sobre aquella banda. Estaba fría...como mármol helado.Volvió a ponerse la camisa.
"Dos cosas has visto ya," dijo. "AQUELLO... y su marca. Tras verlas, deberías creer mi historia. Goodwin, de nuevo te digo que mi mujer está muerta...o algo peor...no lo sé; presa de...lo que viste; igual que Stanton; igual que Thora. Cómo..."
Las lágrimas cubrieron su marchito rostro.
"¿Por qué les permitió Dios que nos conquistaran? ¿Por qué les permitió llevarse a mi Edith?" lloró con amargura. "¿Son esa cosas más fuertes que Dios?,¿Qué piensas, Walter?"Dudé.
"¿Lo son? ¿Lo son?" Sus ojos febriles me observaban.
"No sé el concepto que tienes de Dios," Respondí al final, tras un breve aturdimiento por conseguir una respuesta. "Si te refieres al deseo del saber, trabajando con la ciencia..."
Gesticuló impacientemente.
"Ciencia," dijo. "¿De qué vale nuestra ciencia contra...ESO? O contra la ciencia de quienes fueran los diablos que lo crearon...o que descubrieron el modo de entrar en este mundo nuestro?"
Con un esfuerzo, recuperó el control.
"Goodwin," dijo, "¿Qué sabes sobre las ruinas de las Carolinas; las ciclópeas, megalíticas ciudades y ensenadas de Ponape y Lele, de Kusaie, de Ruk y Hogolu, y el conjunto de los otros islotes cercanos? Concretamente, ¿Qué sabes de el Nan-Matal y el Metalanim?"
"Del Metalanim he oído algo, y he visto fotos," dije. "¿No es al que llaman la Perdida Venecia del Pacífico?"
"Mira este mapa," dijo Throckmartin. "Esto," continuó, "es la carta náutica de Christian de la ensenada de Metalanim y el Nan-Matal. ¿Ves los rectángulos marcados como Nan-Tauach?""Si," dije yo.
"Allí," replicó, "bajo aquellos muros, se halla el Estanque de la Luna y las siete luces destelleantes que eleva el Morador del Estanque, y el altar y guarida del Morador. Y allí, en el estanque de la Luna, con aquello, yacen Edith, Stanton y Thora."
"¿El Morador del Estanque de la Luna?" Repetí medio incrédulo.
"La cosa que viste," dijo Throckmartin solemnemente.Una sólida cortina de lluvia barría las escotillas, y el Southern Queen comenzó a agitarse sobre el elevado oleaje. Throckmartin lanzó otro profundo suspiro de alivio, y descorriendo la cortina escrutó en la noche. Su negrura pareció darle ánimos. De cualquier modo, cuando volvió a sentarse, estaba calmado por completo.
"No existen ruinas más maravillosas en todo el mundo," comenzó, casi casualmente. "Se esparcen por casi cincuenta islotes y cubren con sus canales comunicados y lagunas, unas doce millas cuadradas. ¿Quién las construyó? Nadie lo sabe. ¿Cuando las costruyeron? Muchas eras antes de la memoria del hombre actual, eso seguro. Diez mil, Veinte mil, cien mil años hará de aquello...seguramente lo último.
"Todos esos islotes, Walter, son cuadrados, y sus orillas son muros de contención de gigantescos bloques de basalto transportados y colocados en su lugar por las manos de hombres ancestrales. Cada pulgada de terreno que da al agua, está cubierta por una terraza de esos bloques de basalto que se elevan unos seis pies sobre los poco profundos canales que circulan entre ellos. En los islotes, tras dichos muros, hay fortalezas olvidadas por el tiempo, palacios, terrazas, pirámides; immensos patios cubiertos de ruinas...y todo tan antiguo que parece desafiar los ojos de aquel que los mire.
"Allí debió haber una gran civilización. Puedes pasear por la ensenada de Metalanim durante tres millas y ver las cimas de estructuras monolíticas similares y muros de veinte pies, debajo tuyo, en el agua."Y alrededor de todo aquello, alzándose sobre sus canales, se hallan los amurallados islotes con sus enigmáticos muros que asoman a través de los densos brotes de manglares...muertos, desiertos durante eras incalculables; evitados por aquellos que viven cerca.
"Tu, como botánico, estás familiarizado con la evidencia de que un vasto y sombrío continente existió en el Pacífico...un continente que no fue sepultado y hundido por fuerzas volcánicas como lo fuera la legendaria Atlantis en el océano occidental.*1 Mi trabajo en Java, en Papua, y en las Ladrones me ha convencido de la existencia de esta Tierra Perdida del Pacífico. Al igual que se piensa que las Azores puedan ser los picos más elevados de Atlantis, lo mismo se me ocurrió a mi: que Ponape y Lele y sus islotes cubiertos de basalto eran los últimos puntos de la lentamente anegada tierra oriental, expuestos aún a la luz del día, y que habían sido el último refugio y lugar sagrado de los gobernantes de aquella raza, que perdió su hogar inmemorial bajo las emergentes aguas del Pacífico.
*1 Para una observación más detallada de estos puntos, acudir a G. Volkens, Uber die Karolinen Insel Yap, en Verhandlungen Gesellschaft Erd-kunde Berlin, xxvii (1901); J. S. Kubary, Ethnographische Beitrage zur Kentniss des Karolinen Archipel (Leiden, 1889-1892); De Abrade: Historia del Conflicto de las Carolinas, etc. (Madrid, 1886).--W. T. G.
"Yo pensaba que bajo aquellas ruinas, encontraría la evidencia que buscaba."
"Mi...mi mujer y yo, habíamos hablado antes de casarnos, de hacer de éste, nuestro mejor trabajo. Tras la luna de miel, nos preparamos para la expedición. Stanton estaba tan entusiasmado como nosotros. Nos embarcamos, tal como sabes, el pasado Mayo, para cumplir mis sueños."En Ponape reclutamos, no sin dificultades, trabajadores para ayudarnos...cavadores. Tuve que ofrecer extraordinarios incentivos para poder convencerles. Son creencias muy lúgubres, las de los Ponapeanos. Pueblan sus pantanos, sus bosques, sus montañas, y playas, con espíritus malignos... "ani" les llaman. Y están asustados...terriblemente asustados de las islas de ruinas y de lo que piensan que ocultan las ruinas. Ahora... ¡No me extraña!
"Cuando se les dijo donde ibamos, y cuanto tiempo pensabamos estar, murmuraron. Aquellos que al final cedieron, hicieron prometer (lo cual yo pensé entonces que era una mera superstición) que se irían antes de las tres noches de luna llena. ¡Quisiera Dios que le hubiéramos seguido, y nos hubiéramos ido tambien!""Llegamos a la Bahía de Metalanim. A nuestra izquierda...a una milla de distancia, se alzaba una inmensa forma cuadrangular. Sus muros eran todos de cuarenta pies de alto y centenares de pies de largo, a cada lado. Al acercarnos, nuestros nativos se tornaron muy silenciosos; lo observaban furtivamente, con temor. Supe de las ruinas, que son conocidas como Nan-Tauach, el 'lugar de los muros sombríos.' Y ante el silencio de mis hombres, recordé lo que Christian había escrito de este lugar; de cómo había llegado a sus 'ancestrales plataformas y tetragonales cercados de mampostería; su asombro por las tortuosas avenidas y los laberínticos y lisos canales; vagas masas de sillares asomando de entre las masas vegetales; ciclópeas barricadas,' y de cómo, cuando se hubo adentrado 'en sus fantasmales sombras, en seguida la alegría de los guías se devaneció y la conversación se redujo a susurros.'
Quedó un rato en silencio.
"Desde luego, deseaba emplazar allí nuestro campamento," continuó tranquilamente, "pero pronto abandoné la idea. Los nativos eran presa del pánico más absoluto...amenazaban con irse. 'No,' decían, 'un ani demasiado grande, allí. Iremos a cualquier otro lugar... pero no allí.'
"Finalmente, elegimos para nuestra base el islote llamado Uschen-Tau. Estaba cercano a la isla del deseo, pero lo bastante lejos como para satisfacer a nuestros hombres. Había un excelente lugar de acampada y un manantial de agua fresca. Montamos nuestras tiendas, y en un par de días el trabajo estaba a pleno rendimiento."
CAPITULO III
La Roca Lunar
"NO INTENTARE contarte ahora," continuó Throckmartin, "los resultados de las siguientes dos semanas, ni nada de lo que encontramos.
Más tarde...si me es posible, te lo mostraré. Baste decir que al cabo de esas dos semanas había encontrado confirmación a muchas de mis teorías."El lugar, pese a su decadencia y desolación, no nos había infectado con su toque de morbosidad...ni a Edith, ni a Stanton, ni a mi. Pero Thora estaba muy decaída. Era sueca, como ya sabes, y por su sangre circulaban las creencias y supersticiones de los norteños...algunas de ellas tan extrañamente afines a las de esta lejana tierra del sur; creencias de espíritus de las montañas, los bosques y el agua, hombres lobo y seres malignos.
Desde el principio mostró una curiosa sensibilidad a lo que, supongo, podrían llamarse las 'influencias' de aquel lugar. Decía que 'olía' a fantasmas y brujos.
"Me reí de ella entonces...
"Transcurrieron dos semanas, y a su término, el portavoz de nuestros nativos vino a vernos. Nos dijo que la siguiente noche era luna llena. Me recordó mi promesa. Regresarían a su aldea por la mañana; y volverían tras la tercera noche, cuando la luna hubiera comenzado a menguar.
Nos dejó extraños amuletos para nuestra 'protección,' y nos avisó solemnemente que nos mantuviéramos tan lejos como fuera posible de Nan-Tauach durante su ausencia. Medio exasperado, medio perplejo, les observé irse."No se podía trabajar sin ellos, desde luego, de modo que decidimos pasar los días de su ausencia curioseando por los islotes situados al sur del grupo. Planeamos algunos lugares para su posterior exploración, y a la mañana del tercer día regresábamos por la cara Este del muro de contención que daba a nuestro campamento en Uschen-Tau, planeando tenerlo todo a punto antes del retorno de nuestros hombres al día siguiente.
"Desembarcamos justo antes del atardecer, cansados y ansiosos por entrar en nuestros sacos de dormir. Era un poco más de las diez en punto cuando Edith me despertó.
"'¡Escucha!' me dijo. '¡Pega el oído al suelo!'
"Lo hice, y me pareció escuchar, lejos, muy lejos, como viniendo desde una gran distancia, un vago cántico. Ganaba fuerza, se apagaba, moría; comenzaba, aumentaba de volumen, y de nuevo se reducía al silencio.
"'Son las olas golpeando las rocas, en alguna parte,' dije. 'Probablemente estamos sobre algún lecho de roca que transporta el sonido.'
"'Es la primera vez que lo oigo,' replicó mi esposa dudando. Escuchamos de nuevo. Entonces, a través de aquel vago y rítmico sonido, profundamente, bajo nosotros, se escuchó algo más. Llegaba por la laguna que había entre nosotros y Nan-Tauach en pequeñas olas tintineantes. Era música...de alguna clase; No describiré el extraño efecto que obró sobre mí. Tu mismo lo has sentido..."
"¿Te refieres a antes, en la cubierta?" Pregunté. Throckmartin afirmó con la cabeza.
"Me acerqué a la entrada de la tienda," continuó, "y me asomé al exterior. Mientras lo hacía, Stanton salió de su tienda y caminó a la luz de la luna, mirando hacia el otro islote y escuchando. Le llamé.
"'¡Vaya sonido más curioso!' dijo. Escuchó de nuevo. '¡Cristalino! Como pequeñas notas de cristal traslúcido. Como las campanillas de cristal de las sacerdotisas de Isis en el Templo de Dendarah,' añadió medio somnoliento. Observó intensamente la isla. De repente, sobre el muro que daba al mar, moviendose con lentitud, rítmicamente, vimos un pequeño grupo de luces. Stanton se rió.
"'¡Qué bribones!' exclamó. 'Por eso es por lo que querían irse, ¿O no? ¡Ya lo ves, Dave, es algún tipo de festival...ritos de alguna clase que realizan durante la luna llena! Y por eso fueron tan pesados en cuanto a mantenernos alejados.'
"La explicación parecía buena. Sentí una curiosa sensación de alivio, aunque no hubiera sido sensible a ninguna opresión.
"'Dejémonos caer por allí,' sugirió Stanton...pero yo no estaba de acuerdo.
"'Hay un gran inconveniente en eso,' le dije. 'Si irrumpiéramos en una de sus ceremonias religiosas, probablemente nunca nos perdonarían. Mantengámonos fuera de cualquier fiesta familiar a la que no hallamos sido invitados.'
"'Es verdad,' concedió Stanton.
"El extraño tintineo se alzaba y caía, se alzaba y caía...
"'Hay algo...algo muy intranquilizador en esto,' dijo por fin Edith, gravemente. 'Me pregunto con qué harán esos sonidos. Estoy medio muerta de miedo, y, al mismo tiempo, me hacen sentir como a punto de alcanzar un enorme éxtasis.'
"'¡Es diabólicamente increible!' interrumpió Stanton.
"Aquella tarde regresaron los nativos. Y esa noche, en Nan-Tauach el silencio no fue roto, ni hubo luces, ni signos de vida.
"Y mientras hablaba, la tela de entrada de la tienda de Thora se apartó, y la anciana sueca emergió a la luz de la luna. Era del corpulento tipo norteño...alta, de busto generoso, modelada según las antiguas líneas vikingas. Sus sesenta años se habían esfumado. Parecía una antigua sacerdotisa de Odin. "Permaneció allí, con los ojos muy abiertos, brillantes, la mirada fija. Volvió su cabeza en dirección a Nan-Tauach, siguiendo con la vista a las móviles luces; escuchó. De repente, levantó los brazos e hizo un curioso gesto a la luna. Era...un arcáico...movimiento; parecía proceder de la más remota antigüedad...y en él había una extraña sugestión de poder. Por dos veces repitió ese gesto y...¡el tintineo desapareció! Se volvió hacia nosotros.
"'¡Marchaos!' dijo, y su voz parecía provenir de muy lejos. '¡Marchaos de aquí...y rápido! Iros mientras podeis. Eso os ha llamado...' Señaló al islote. 'Sabe que estais aquí. ¡Está esperando!' aulló. 'Nos atrae...el...el..."
"Cayó a los pies de Edith, y sobre la laguna reaparecieron los tintineos, ahora con una rápida nota de júbilo...casi de triunfo.
"Estuvimos velándola toda la noche. Los sonidos de Nan-Tauach continuaron hasta casi una hora antes de ocultarse la luna. Por la mañana, Thora se despertó, sin malestar, aparentemente. Según dijo, había tenido pesadillas. No podía recordar de qué trataban...excepto que la habían avisado de un peligro. Estaba extrañamente sombría, y a lo largo de la mañana, su mirada se posaba una y otra vez, medio fascinada, medio-asombrada en la isla vecina.
"Seguro que comprenderás, Goodwin, hasta qué punto los sucesos que he relatado, excitaron nuestra curiosidad científica. Por supuesto, rechazamos inmediatamente cualquier explicación que implicara causas sobrenaturales.
"Nuestros...síntomas, déjame llamarlos así...podían, todos ellos, ser fácilmente explicados. Es un hecho incuestionable que las vibraciones creadas por ciertos instrumentos musicales ejercen definitivos -y en ocasiones extraordinarios- efectos sobre el sistema nervioso. Aceptamos esto como la explicación a las reacciones que habíamos experimentado, al escuchar aquellos sonidos tan poco familiares. El nerviosismo de Thora, sus aprensiones supersticiosas, le habían precipitado en una condición de histeria semi-sonambulística. La ciencia podía explicar con facilidad su participación en la escena de aquella noche.
"Llegamos a la conclusión de que debía haber un paso entre Ponape y Nan-Tauach, conocido sólo por los nativos...y usado por ellos durante sus ritos. Decidimos que en la próxima partida de nuestros trabajadores nos trasladaríamos inmediatamente a Nan-Tauach. Investigaríamos durante el día, y por la tarde mi mujer y Thora regresarían al campamento, dejándonos a Stanton y a mi, para pasar la noche en la isla, observando desde algún lugar seguro y discreto, lo que pudiera ocurrir.
"La luna aumentó; apareció creciente en el oeste; acercándose lentamente a su plenitud. Antes de dejarnos, los hombres literalmente nos rogaron que les acompañáramos. Su insistencia sólo aumentó nuestra avidez por ver de qué se trataba, ahora estábamos convencidos, lo que querían ocultarnos. Al menos esa era la verdad para mi y para Stanton. Pero no era la de Edith. Estaba pensativa, abstraída...reluctante.
"Cuando los hombres se perdieron de vista al girar en la bahía, cogimos nuestros botes y fuimos derechos a Nan-Tauach. Pronto, sus poderosas murallas frente al agua, se alzaban ante nosotros. Pasamos a través de la puerta, con sus gigantescos prismas de basalto tallado y desembarcamos junto a un embarcadero medio sumergido. En frente nuestro se extendían una serie de escalones gigantes que conducían a un vasto patio cubierto por fragmentos de pilares caídos. En el centro del patio, más allá de los pilares derruidos, se elevaba otra terraza de bloques de basalto, que ocultaba, lo supe al momento, otro reducto más.
"Y entonces, Walter, para que comprendas mejor lo que sigue...y...y..." vaciló. "Ya decidirás luego si regresar conmigo, o, si me llevan, se...seguirnos...escucha atentamente mi descripción de ese lugar: Nan-Tauach es, literalmente, tres rectángulos. El primer rectángulo es el muro que da al agua, construido a base de monolitos...tallado y cuadrado, de veinte pies de ancho en lo más alto. Para acceder a la puerta del muro de contención, pasas por el canal marcado en el mapa, entre Nan-Tauach y el islote llamado Tau. La entrada desde el canal está cubierta por gran cantidad de tallos de manglar; a partir de allí, el camino está despejado. Los escalones conducen desde el embarcadero hasta el interior del patio.
"Dicho patio está rodeado por otro muro de basalto, rectangular, paralelo, con exactitud matemática, a la marcha de las barricadas exteriores. El muro de contención es de treinta a cuarenta pies de alto...originalmente debió haber sido mucho más alto, pero ha sufrido hundimientos parciales. El muro del primer reducto es de quince pies en la cima, y su largo varía de veinte a veinticinco pies...aquí tambien, el gradual hundimiento del terreno ha causado el derrumbamiento de partes del muro.
"En el interior de este patio se halla la segunda fortificación. Su terraza, del mismo basalto que los muros exteriores, tiene unos veinte pies de alto. Se accede a la entrada por las muchas brechas que el tiempo ha hecho en su mampostería. Es el patio interior, ¡el corazón de Nan-Tauach! Allí se encuentra la gran bóveda central a la que se asocia el único nombre de un ser viviente que ha llegado hasta nosotros desde las nieblas del pasado. Los nativos dicen que es la casa del tesoro de Chau-te-leur, un poderoso rey que gobernó mucho 'antes de sus padres.' Como Chan es la antigua palabra Ponapeana tanto para "sol"como para "rey", el nombre significa, sin duda, 'lugar del rey sol.' Es un recuerdo del nombre de una dinastía de la raza que gobernó el continente del Pacífico, ya desaparecido...al igual que los gobernantes de la antigua Creta tomaron el nombre de Minos y los de Egipto el nombre de Faraón.
"Y opuesto a este lugar del Rey del Sol, se halla la Roca Lunar, que oculta el Estanque de la Luna.
"Fue Stanton quien descubrió la Roca de la Luna. Habíamos estado inspeccionando el patio interior; Edith y Thora estaban preparando el almuerzo. Yo salía de la cripta de Chau-te-leur y encontré a Stanton delante de una parte de terraza, estudiándola maravillado.
"'¿Qué opinas de eso?' me preguntó mientras me acercaba. Señaló al muro. Seguí la dirección de su dedo y vi una losa de piedra de unos quince pies de alto por diez de largo. Lo primero que noté fue la exquisita limpieza con la que sus bordes encajaban con los bloques de alrededor. Luego me di cuenta de que su color era sutilmente distinto...teñido de gris y de una suave, peculiar...morbidez.
"'Más parece calcita que basalto,' Dije. Lo toqué y retiré la mano rápidamente, pues al contacto, cada nervio de mi brazo vibró como si un shock de electricidad helada hubiera pasado por él. No era frío, tal como nosotros conocemos el frío. Era una fuerza escalofriante...la frase que he usado antes...electricidad helada...lo describe mejor que cualquier otra definición. Stanton me miró con curiosidad.
"'Así que tu tambien lo has sentido,' dijo. 'Comenzaba a preguntarme si yo tambien tendría alucinaciones, como Thora. Fíjate, por cierto, que los bloques de alrededor están bastante caldeados por el sol.'
"Examinamos la losa con interés. Sus bordes estaban cortados con la precisión de un tallador de joyas. Encajaba con los bloques vecinos formando una línea, delgada como un cabello. Su base era ligeramente curva, y se ajustaba con absoluta precisión en lo alto, en los lados, y en las enormes rocas sobre las que descansaba. Y entonces notamos que aquellas piedras habían sido vaciadas, como siguiendo el camino hacia la roca gris. Había una depresión semicircular que recorría la losa de un lado a otro. Era como si la roca gris descansara en el fondo de una hendidura poco profunda, medio a la vista, medio cubierta. Algo e esta ranrua me atrajo. Me acerqué a ella y la toqué. Goodwin, aunque la mayoría de las piedras que la formaban, como todas las piedras del patio, eran toscas y gastadas por el tiempo...esta era sueva, como si por su superficie hubieran pasado las manos del pulidor.
"'¡Es una puerta!' exclamó Stanton. 'Gira alrededor de esa pequeña hendidura. Por eso el hueco está tan suave.'
"'Quizá tengas razón,' repliqué. 'Pero ¿Cómo demonios podríamos abrirlo?'
"Se acercó de nuevo a la losa...presionándola por los bordes, empujándola por los lados. Durante uno de esos esfuerzos me acerqué a mirar...y grité. A un pie por encima y a cada lado de la esquina del dintel de la roca gris, había una suave convexidad, visible sólo desde el ángulo en el que yo miraba.
"Llevábamos con nosotros una pequeña escala, y subí a mirar. Los mandos no eran nada aparentemente, aparte de curvaturas cinceladas en la piedra. Puse mi mano sobre la que estaba examinando, y la retiré asustado. En mi palma, en la base de los dedos, había sentido el mismo shock que había tenido al tocar la losa. Volví a poner la mano. La impresión llegaba desde un punto de no más de una pulgada de ancho. Toqué con cuidado la convexidad entera, y seis veces más aquella corriente helada recorrió mi brazo. Había siete círculos, de una pulgada de ancho, en el lugar curvo; cada una de ellas transmitía la precisa sensación que he descrito. La convexidad del lado opuesto de la losa produjo exactamente los mismos resultados. Pero ningún modo de tocar o presionar suavemente aquellos puntos o cualquier tipo de combinación, nos reveló la menor promesa de mover aquella losa.
"'Así que...eso es lo que la abre,' dijo Stanton bastante seguro.
"'¿Por qué dices eso?' Pregunté.
"'No...no lo sé,' respondió dubitativo. 'Pero algo me lo dice, Throck,' continuó, medio grave, medio sonriéndose, 'mi parte puramente científica está luchando con mi parte puramente humana. La parte científica me urge a encontrar el modo de que esa losa caiga o se abra. ¡La parte humana me urge, con más fuerza, a no hacer nada y salir de aquí mientras podemos!'
"Se rió de nuevo...avergonzado.
"'¿Qué ocurrirá?' preguntó...y pensé que, en su tono, el lado humano llevaba las de ganar.
"'Probablemente se quede como está... a menos que lo volemos en pedazos,'Le dije.
"'He pensado en eso,' respondió, 'y yo no me preocuparía,' añadió con seriedad. Y pese a lo que yo había dicho, me llegó claramente la misma sensación que él me había comentado. Era como si algo emanara de la roca gris y golpeara mi corazón, como una mano abofeteando una boca impía. Nos volvimos...inquietos, y nos encontramos a Thora acercándose por una abertura de la terraza.
'Miss Edith desea que se apresure,' comenzó... y se detuvo. Sus ojos pasaron de mi a la roca gris. Su cuerpo se puso rígido; Dirigió unos cuantos pasos tensos, y luego corrió hacia ella. Se tiró sobre su pecho, con las manos y la cara presionados contra él; escuchamos su alarido como si toda su alma le estuviera siendo arrancada...y observamos que caía a sus pies. Mientras la levantábamos, vi reflejarse en su rotro, la misma mirada que había observado la primera vez que escuchamos la cristalina música de Nan-Tauach...¡Aquella inhumana mezcla de opuestos!"
CAPITULO IV
Las Primeras Desapariciones
"TRANSPORTAMOS a Thora de vuelta, hacia el lugar donde Edith nos esperaba. Le contamos lo ocurrido y lo que habíamos encontrado. Escuchó gravemente, y mientras acabábamos, Thora suspiró y abrió los ojos.
"'Me gustaría ver esa piedra,' dijo Edith. 'Charles, quédate aquí con Thora.' Caminamos en silencio por el patio exterior...y llegamos a la roca. La tocó, apartó su mano como yo había hecho; la lanzó de nuevo hacia delante con resolución, y la mantuvo allí. Parecía estar escuchando. Luego se volvió hacia mi.
"'David,' dijo mi esposa, y la nostalgia de su voz me hirió...'David, ¿Quedarías muy, muy decepcionado si nos fueramos de aquí...sin intentar averiguar nada más?...¿Sería así?'
"Walter, en toda mi vida, jamás quise tanto una cosa como, en aquel momento, averiguar qué contenía aquella roca. Sin embargo, intenté dominar mi deseo, y respondí...'Edith, no me importa, si tú así lo quieres.'
"Leyó la decepción en mis ojos. De nuevo, se volvió hacia la roca gris. Pude ver cómo se estremecía. ¡Sentí una mezcla de remordimientos y piedad!
"'Edith,' exclamé, '¡Nos iremos!'
"Me miró de nuevo. 'La ciencia es una dama muy celosa,' citó. 'No, puede que hasta sea divertido. De cualquier modo, no puedes huir de esto. ¡No! Pero, Dave, ¡yo tambien me quedo!'
"Y nada podía cambiar su decisión. Al acercarnos a los otros, puso su mano en mi brazo.
"'Dave,' dijo, 'si ocurriera algo...bueno...inexplicable esta noche...algo que parezca...demasiado peligroso...¿me prometes que volveremos a nuestro islote mañana, si podemos...y esperaremos hasta el regreso de los nativos?'
"Lo prometí solemnemente...el deseo de quedarme y ver qué ocurriría aquella noche, era como un fuego en mi interior.
"Escogimos un lugar a unos quinientos pasos de la escalinata que conducía al patio exterior.
"El punto que habíamos seleccionado estaba bien escondido. No podíamos ser vistos, y aún así teníamos una vista clara de las escaleras y de la entrada. Nos instalamos allí justo antes del atardecer para esperar lo que pudiera ocurrir. Yo era el más próximo a los gigantescos escalones; la siguiente era Edith; luego Thora, y por último Stanton.
"Cayó la noche. Tras un rato, el cielo comenzó a iluminarse desde el Este, y supimos que la luna estaba saliendo; su luz aumentó, y el orbe se reflejó sobre el mar; flotando a plena vista. Eché un vistazo a Edith y luego a Thora. Mi esposa escuchaba concentrada. Thora sentada, tal como estaba desde que nos emplazamos, con los codos sobre las rodillas, y las manos cubriendo su rostro.
"Y entonces, desde la luz de la luna que nos bañaba, cayó sobre mí una gran somnolencia. El sueño parecía emanar de los rayos y caía sobre mis ojos, cerrándolos...cerrándolos inexorablemente. La mano de Edith sobre la mía, se relajó. La cabeza de Stanton cayó sobre su pecho y su cuerpo se tambaleó, como embriagado. Intenté levantarme...para luchar contra el profundo deseo de dormir que me embargaba.
"Y mientras luchaba, Thora levantó su cabeza, como escuchando; y se volvió hacia la entrada. Había una infinita desesperación en su rostro...y expectación. De nuevo intenté levantarme...y una ola de sueño me cubrió. Vagamente, como hundiéndome en él, escuché un repiqueteo cristalino; con un supremo esfuerzo, levanté mis párpados una vez más.
"Thora, bañada por la luz, permanecía en lo alto de las escaleras.
"El sueño se apoderó de mi...¡sumergiéndome en el corazón del olvido!
"Comenzaba a amanecer cuando me desperté. Mis recuerdos regresaron con rapidez; acerqué una mano llena de pánico hacia Edith; la toqué y mi corazón se estremeció de agradecimiento. Se desperezó, se sentó, entreabriendo unos ojos aturdidos. Stanton yacía a su lado, de espaldas a nosotros, con la cabeza en los brazos.
"Edith me miró sonriendo. '¡Cielos! ¡Qué sueño!' dijo. Entonces recordó.
"'¿Qué ha ocurrido?' susurró. '¿Qué nos hizo dormir así?'
"Stanton se despertó.
"'¿Qué ocurre?' exclamó. 'Parece que hallais visto un fantasma.'
"Edith cogió mis manos.
"'¿Donde está Thora?' gritó. Antes de que pudiera contestarla, corría al claro, llamándola.
"'Thora ha sido secuestrada,' fue todo lo que pude decirle a Stanton, 'nos acercamos a mi esposa, que se hallaba ahora ante los grandes peldaños de piedra, mirando con miedo a la entrada de las terrazas. Allí les dije lo que había visto antes de que el sueño me venciera. Y juntos, subimos corriendo las escaleras, cruzamos el patio y nos dirigimos a la roca gris.
"La losa estaba cerrada, tal como había estado el día anterior, y no había signo alguno de que hubiera sido abierta. ¿No lo había? Mientras pensaba esto, Edith se arrojó de rodillas ante ella, y se apoderó de algo que yacía a sus pies. Era una pequeña y alegre pieza de seda. La reconocí como parte del pañuelo que Thora llevaba alrededor de su cabello. Edith levantó el fragmento. Había sido cortado del pañuelo como por una navaja de afeitar; algunos fragmentos se alejaban de allí...en dirección a la base de la losa; se esparcían por la base de la roca gris y...¡Por debajo!
"¡La roca gris era una puerta! ¡Y se había abierto, y Thora había pasado a su través!
"Creo que durante los siguientes minutos, todos estuvimos un poco alterados. Atacamos aquel portal con nuestras manos, con piedras y palos. Por fín, recuperamos la razón.
"Goodwin, durante las siguientes dos horas, intentamos, por todos los medios a nuestro alcance, forzar la entrada de la losa. La roca resistió nuestros taladros. Intentamos explosiones en la base, con cargas cubiertas de roca. No dejaron la menor huella sobre la superficie, gastando su fuerza, desde luego, en la suave resistencia de su cubierta.
"La tarde nos encontró desesperanzados. La noche se acercaba y debíamos decidir nuestro curso de acción. Yo quería ir por ayuda, a Ponape. Pero Edith objetó que eso llevaría horas y tras ello podríamos encontrar, despues de todo, que era imposible persuadir a nuestros hombres de que volvieran con nosotros esa noche. ¿Qué hacer entonces? Claramente sólo una de las dos opciones: regresar a nuestro campamento, esperar a nuestros hombres, y a su retorno intentar persuadirles de que vinieran con nosotros a Nan-Tauach. Pero esto significaría abandonar a Thora durante al menos dos días. No podíamos hacerlo; habría sido demasiado cobarde.
"La otra elección era esperar allí donde estábamos a que llegara la noche; esperar a que la roca se abriera como hizo la noche anterior, y colarnos dentro a buscar a Thora antes de que pudiera cerrarse de nuevo.
"El camino a seguir parecía claro. ¡Debíamos pasar aquella noche en Nan-Tauach!
"Habíamos, por supuesto, discutido en profundidad el fenómeno del sueño. Si nuestra teoría de que las luces, los sonidos, y la desaparición de Thora estaban conectados con ritos religiosos secretos de los nativos, la conclusión lógica era que la somnolencia había sido provocada por ellos, quizás mediante vapores...sabes tan bien como yo, el extraordinario conocimiento que tienen de semejantes cosas, estos pueblos del Pacífico. O el sueño podía haber sido una simple coincidencia, y haber sido producido por emanaciones, bien gaseosas o bien de algunas plantas, causas naturales que habían coincidido en sus efectos con las otras manifestaciones. Fabricamos algunos filtros respiradores, rudos pero efectivos.
"Al caer el sol, fuimos a buscar nuestras armas. Edith era una excelente tiradora, tanto con el rifle como con la pistola. Habíamos decidido que mi esposa se quedara en el lugar oculto. Stanton tomaría posiciones en el lado más alejado de la escalinata y yo me emplazaría en frente suyo, en el lado cercano a Edith. EL lugar que escogí estaba a menos de doscientos pasos de ella, y me tranquilizaba saber que podría comprobar que estaba bien, con solo mirar hacia abajo, al hueco donde se agachaba. Desde nuestros respectivos puestos Stanton y yo dominábamos el acceso a la entrada. Su posición le daba, además, una visión del patio exterior.
"Un pálido resplandor en el cielo anunció la luna. Stanton y yo tomamos posiciones. La luna salía cada vez más rápido; el disco ascendía, y en un momento brillaba a plena potencia sobre las ruinas y el mar.
"Al alzarse, nos llegó un sonido apagado, como un pequeño suspiro, desde la terraza interior. Stanton se tensó y observó intensamente la entrada, con el rifle listo.
"'Stanton, ¿Qué es lo que ves?' le dije con cautela. Agitó una mano en silencio. Giré mi cabeza para mirar a Edith. Me recorrió un escalofrío. Yacía sobre un lado. Con su cara, grotesca con su nariz y boca cubiertas por el respirador, vuelta directamente hacia la luna. ¡De nuevo estaba profundamente dormida!
"Al girarme de nuevo para llamar a Stanton, mis ojos recorrieron la cabecera de los escalones y se detuvieron, fascinados. Pues la luz de la luna se había espesado. Parecía haberse...cuajado...allí; y a través de ellase veían pequeños destellos y venas e resplandeciente fuego blanco. Me embargó la languidez. No era la inefable modorra de la noche anterior. Era como la falta de voluntad para moverme. Intenté gritar a Stanton. No fui capaz ni de mover los labios. Goodwin...¡Ni tan siquiera podía mover los ojos!
"Stanton estaba al alcance de mi limitada visión. Le observé saltar hacia las escaleras y moverse hacia la entrada. La cuajada luz parecía esperarle. Penetró en su inetrior... y le perdí de vista.
"Durante una docena de latidos de corazón, hubo silencio. Luego, una lluvia de tintineos que acompañaban a las pulsaciones, sonando con júbilo y las tocaban con delgados dedos de hielo...y resonando a través de ellas, la voz de Stanton desde el patio...un enorme grito...un alarido...¡Cubierto con un éxtasis insoportable y un horror inimaginable! Y una vez más se hizo el silencio. Me esforcé en romper las ataduras que me retenían. No podía. Incluso mis párpados estaban fijos. En su interior, mis ojos, secos y doloridos, ardían.
"Entonces, Goodwin...por primera vez vi...¡Lo inexplicable! La música cristalina aumentó. Desde donde yo estaba, se veía la entrada y sus portales de basalto, toscos y partidos, elevándose cuarenta pies, hasta la cima del muro, fragmentados, arruinados portales...inescalables. Desde esta entrada, una intensa luz comenzó a manar. Creció, se expandió, y de su interior salió Stanton.
"¡Stanton! ¡Pero...Dios! ¡Menuda visión!"
Un profundo temblor le sobrecogió. Y yo esperé...esperé.
CAPITULO V
En el Estanque de la Luna
"GOODWIN," Continuó al fin Throckmartin, "Sólo puedo describirle como una cosa de luz viviente. Irradiaba luz; estaba cubierto de luz; fluía con ella. Una nube resplandeciente remolineaba a través y alrededor de él en radiantes torbellinos, envolventes tentáculos, luminiscencias, coruscantes espirales.
"Su rostro mostraba un éxtasis demasiado grande como para ser soportado por un ser viviente, y estaba ensombrecido con una insuperable miseria. Era como si hubiera sido remodelado por la mano de Dios, y por la de Satán, trabajando juntos en armonía. Ya has visto dicho semblante en mí mismo. Pero nunca lo has visto en el grado en el que Stanton lo mostraba. Sus ojos estaban abiertos al máximo, fijos, ¡como embriagados por alguna visión interior del infierno y el cielo!
"La luz que le cubría y rodeaba, tenía un núcleo, un corazón...algo de forma vagamente humana...que se disolvía y cambiaba, se plegaba sobre sí misma, se enrroscaba a través y más allá de él, y regresaba de nuevo. Y cuando ese núcleo resplandeciente pasaba a través de él, el propio cuerpo de Stanton bombeaba luz. Cuando la luminiscencia se movía, se movían sobre ella, siempre en calma y serenos, siete pequeños globos de siete colores, como siete pequeñas lunas.
"Entonces, suavemente, Stanton fue levantado...levitó...por encima del muro inescalable y hacia su cima. El resplandor se alimentó de la luz de la luna, la música tintineante creció debilmente. De nuevo intenté moverme. Las lágrimas manaban ahora de mis rígidas pestañas y procuraban alivio a mis torturados ojos.
"Te he comentado que mi visión estaba fija. Lo estaba. Pero por los lados, periféricamente, podía vislumbrar parte del lejano muro del reducto exterior. Eras enteras parecieron trancurrir y un resplandor se deslizó por él. Al poco rato, se mostró ante mi vista una figura, que era Stanton. Lejos estaba...sobre el gigantesco muro. Pero aún podía ver las resplandecientes espirales remolineando jubilosamente alrededor y a través de él; sentí, más que ví, su rostro en trance bajo las siete lunas. Un remolino de notas cristalinas, y había desaparecido. Y en todo ese tiempo, como a través de algun abierto pozo de luz, el patio centelleaba y enviaba fuegos plateados que tapaban los rayos de luna, como formando parte de ellos, de un modo extraño.
"Al fin, la luna se acercó al horizonte. Llegó una estruedosa explosión de sonido; el segundo, y último, grito de Stanton, ¡Como un eco del primero! De nuevo el suave suspiro desde la terraza interior. Luego...¡El más absoluto silencio!
"La luz disminuyó; la luna estaba poniéndose y con rapidez, la vida y el poder de moverme regresaron a mi. Salté hacia los escalones, me apresuré a subirlos, atravesando la entrada y derecho hacia la roca gris. Estaba cerrada...como sabía que lo estaría. Pero, ¿soñé o percibí, como un eco, a través de una vasta distancia, un grito triunfante?
"Corrí hacia Edith. Al tocarla, se despertó; me miró vagamente; se incorporó sobre una mano.
"'¡Dave!' me dijo, 'Despues de todo...me dormí.' Vió la desesperación en mi rostro y se levantó de un salto. '¡Dave!' gritó. '¿Qué ocurre? ¿Donde está Charles?'
"Encendí una hoguera antes de hablar. Entonces, se lo dije. Y ante los hechos de aquella noche, nos sentamos ante las llamas, abrazados...como dos niños asustados."
Abruptamente, Throckmartin alzó sus manos ante mi, suplicante.
"¡Walter, viejo amigo!" se lamentó. "No me mires como si estuviera loco. Es la verdad, la verdad absoluta. Espera..." Le tranquilicé lo mejor que pude. Al poco rato, retomó su historia.
"Nunca jamás," dijo, "agradeció tanto el hombre, la llegada del sol, como nosotros aquella mañana. Tan pronto como hubo salido, regresamos al patio. Los muros sobre los cuales había visto a Stanton, estaban negros y silenciosos. Las terrazas, tal y como habían estado. La losa gris estaba en su lugar. Y en la hendidura superficial de su base no había...nada. Nada...nada quedaba de Stanton, en ningún lugar del islote...ni rastro.
"¿Qué podíamos hacer? Precisamente los mismos argumentos que nos habían retenido allí la noche anterior, seguían siendo válidos... por partida doble. No podíamos abandonarles a los dos; no podíamos irnos, siempre que quedara la más débil esperanza de encontrarles...pero, queriéndonos tanto, ¿Como podíamos quedarnos? Yo amaba a mi esposa,...hasta un punto que no había conocido hasta ese día; y ella me amaba con la misma fuerza.
'Sólo se lleva a uno cada noche,' imploró. 'Amor mio, deja que me lleve a mi.'
"Lloré, Walter. Ambos lloramos.
"'Lo afrontaremos juntos,' dijo ella. Y eso fue lo que acordamos, al final."
"Desde luego, hacía falta mucho valor, Throckmartin," interrumpí. Me miró gravemente.
"¿Entonces me crees?" exclamó.
"Te creo," dije. Cogió mi mano con un apretón que parecía que iba a romperla.
"Ahora," replicó. "No tengo miedo. Si yo...caigo, ¿volverás con ayuda?"
Lo prometí.
"Lo discutimos muy cuidadosamente," continuó, "poniendo a prueba todo nuestro poder de análisis y nuestros hábitos de pensamiento sereno y científico. Consideramos minuciosamente el elemento temporal en el fenómeno. Aunque el profundo canturreo comenzaba en el preciso instante de salir la luna, cinco minutos enteros habían transcurrido entre su plenitud y el extraño sonido susurrante de la terraza interior. Repasé en mi memoria los acontecimientos de la noche anterior. Al menos diez minutos habían transcurrido entre el primer susurro anunciador y la intensificación de la luz de la luna en el patio. Y este resplandor crecía durante al menos diez minutos más, antes del primer estallido de notas cristalinas. De hecho, más de media hora debía haber transcurrido, calculaba yo, entre el momento en que la luna se mostró en el horizonte y el primer delicado estallido de tintineos.
"'¡Edith!' exclamé. '¡Creo que lo tengo! La roca gris se abre cinco minutos después de salir la luna. Pero sea lo que sea, o quién sea, lo que llega por ella, debe esperar hasta que la luna alcanza su plenitud, o debe viajar desde una gran distancia. Lo que hay que hacer es no esperarlo, sino sorprenderlo antes de que pase por la puerta. Ahora iremos al patio interior. Llevarás tu rifle y tu pistola y te ocultarás donde puedas dominar la apertura...si la losa se abre. En el instante en que se abra, entraré. Es nuestra mejor opción, Edith. Creo que es la única.'
"Mi esposa se opuso obstinadamente. Quería ir conmigo. Pero la convencí de que era mejor para ella quedarse de guardia fuera, preparada para ayudarme si yo era forzado a entrar de nuevo, por lo que moraba en el interior de la roca.
"Media hora antes de salir la luna, nos acercamos al patio interior. Tomé posiciones a un lado de la roca gris. Edith se agazapó tras un pilar partido, a unos veinte pasos de distancia; apuntó con su rifle de repetición de manera que cubriera la posible apertura.
"Los minutos se arrastraron lentamente. La oscuridad menguó y a través de las brechas de la terraza, observé el lejano cielo iluminarse suavemente. Con el primer tenue resplandor, el silencio del lugar se intensificó. Se hizo más profundo; llegó a ser insostenible...expectante. La luna se elevó, mostró un cuarto, la mitad, y creció hasta verse entera, como un gran globo.
"Sus rayos cayeron sobre el muro que había ante mi, y de repente, sobre las convexidades que ya he descrito, surgieron siete pequeños círculos de luz. Resplandecieron, fluctuaron, se volvieron más brillantes...y más. La gigantesca losa que tenía delante, brillaba con ellos, argentinas oleadas de fosforescencia pulsaban sobre su superficie, y entonces...¡Giró como alrededor de un eje, susurrando suavemente al moverse!
"Tras dirigir una palabra a Edith, me arrojé al interior de la apertura. Ante mi, se extendía un tunel. Brillaba con la misma radiación suavemente plateada. Corrí hacia abajo. El pasadizo giró abruptamente, continuó paralelo a los muros del patio exterior y luego, una vez más comenzó a bajar.
"El pasaje terminó. Ante mi había un gran arco abovedado. Parecía abrirse en el espacio; un espacio cubierto con una espesa bruma, envolvente, de muchos colores, cuyo brillo crecía ante mis ojos. Pasé a través del arco y...¡me detuve de puro temor!
"En frente mio había un estanque. Era circular, quizá de unos veinte pies de ancho. Alrededor suyo discurría una orilla de resplandeciente piedra plateada, curvada suavemente. Sus aguas eran del más puro azul. El estanque con su orilla plateada era como un gran ojo azul mirando fijamente hacia arriba.
"Sobre aquello, se proyectaban siete haces radiantes. Se derramaban sobre el ojo azul como torrentes cilíndricos; eran como resplandecientes pilares de luz, alzándose de un suelo de zafiro.
"Uno era del suave rosado de la perla; uno del verde de la aurora; un tercero de un blanco mortecino; el cuarto, del azul de la madreperla; una resplandeciente columna de puro ambar; un pilar de amatista; un haz de plata fundida. Tales son los colores de las siete luces que se proyectan sobre el Estanque de la Luna. Me acerqué, sobrecogido. Los haces no iluminaban el fondo. Jugaban sobre la superficie y parecían difuminarse en ella, fundirse. ¿El Estanque se las tragaba?
"A través del agua, finos destellos de fosforescencia comenzaron a agitarse, chispear y remolinear de pura incandescencia. Y lejos, allá abajo, sentí un movimiento, un resplandor creciente, como de un cuerpo radiante emergiendo lentamente.
"Miré hacia arriba, siguiendo los radiantes pilares hasta su origen. Lejos, en lo alto, había siete globos brillantes, y era de ellos de donde manaban los rayos. Incluso entonces, pude ver cómo crecía su brillo. Eran como siete lunas, en lo alto de un cielo cavernoso. Lentamente, su esplendor se incrementó, y con ello, el esplendor de los siete pilares que nacían en ellas.
"Aparté la mirada y escruté el Estanque. Se había vuelto lechoso, opalescente. Los rayos que caían en él, parecían cubrirlo; parecía vivo, con destellos, remolinos, chisporroteos. Y la luminescencia que había visto emerger desde sus profundidades era mayor, ¡más cercana!
"Un remolino de bruma flotó sobre la superficie. Se arrastró hacia el interior del rayo rosado y se demoró allí por un momento. El rayo pareció abrazarlo, enviando hacia él, brillantes corpúsculos, finas espirales rosadas. La bruma absorbió los rayos, se fortaleció gracias a ellos, ganó sustancia. Otro remolino se arrastró hasta el haz ambarino, se aferró y se alimentó de él, moviéndose suavemente hacia el primero, y mezclándose con él. Y entonces, se alzaron nuevos remolinos, aquí y allí, demasiado veloces para contarlos; deteniéndose con calma al abrazo de los demás haces; destelleaban y pulsaban en el interior de cada uno.
"Más y más delgados, se alzaban, hasta que la entera superficie del Estanque fue un pulsante pilar de bruma opalescente que ganaba sustancia constantemente; extrayendo su vida de los siete rayos que caían sobre él; concentrando desde abajo, los veloces, incandescentes átomos del Estanque. Y en su centro, estaba aquella luminescencia, alzándose desde la profundidades. Y el pilar brilló, palpitó...comenzó a formar zarzillos y remolinos que exploraban...
"Lo que se estaba formando ante mi, era ESO que había caminado con Stanton, que se había llevado a Thora...¡la cosa que había venido a buscar!
"Mi mente saltó a la acción. Mi mano empuñó la pistola y disparé un tiro tras otro en el corazón resplandeciente.
"Mientras disparaba, tembló y se disolvió; se formó de nuevo. Introduje un segundo cargador en la automática y se me ocurrió otra idea, tras mirar a uno de los resplandecientes globos del techo. Pues ahora, sabía de donde venía la fuerza que formaba a aquel Morador del Estanque...de los descendentes rayos venía su fuerza. Si podía destruirlos, podría evitar que se formara. Disparé una y otra vez. Si alcancé los globos, no les dañé. Las pequeñas partículas de los rayos bailaron con las partículas de la bruma, como alteradas. Eso fue todo.
"Pero por encima del Estanque, como pequeñas campanas, como delgadas y emergentes pompas de cristal, bulleron los sonidos tintineantes...su tono más alto, toda su dulzura perdida, con ira.
"Y por encima del inexplicable lamento, se alzó una espiral.
"Me asió alrededor del corazón; se enrroscó alrededor mio. Me invadió una mezcla de éxtasis y horror. Cada átomo de mi ser, se estremeció de placer y se hundió en la desesperación. No había nada repugnante en ello. Pero era como si la gélida alma del mal y la abrasadora alma del bien hubieran entrado juntas en mi. La pistola cayó de mi mano.
"Y así permanecí, mientras el Estanque centelleaba y burbujeaba; los haces de luz se hicieron más intensos y la Cosa radiante que me retenía, brilló y se fortaleció. Su corazón brillante tenía forma...pero una forma que mis ojos y mi mente no podían definir. Era como si un ser de otra esfera pudiera asumir una especie de semblanza humana, pero no fuera capaz de ocultar que aquello que veían los ojos humanos, no era sino una pequeña parte de sí. No era hombre ni mujer; Era andrógino y antiterrenal. E incluso, cuando percibí su forma humanoide, cambió. Y aún me embargaba aquella mezcla de éxtasis y terror. Sólo en un pequeño rincón de mi mente, moraba algo inmaculado; algo que se mantenía aparte, y esperaba. ¿Sería el alma? Nunca he creído...y todavía...
"Sobre la cabeza del cuerpo neblinoso se encendieron, de súbito, siete pequeñas luces. Cada una era del color del haz bajo el cual descansaba. Ahora supe que el Morador estaba...¡completo!
"'¡Edith!' Grité de nuevo. '¡Edith, vuelve conmigo!'
"Escuché un grito. Era la voz de Edith. Se me ocurrió que habría oido los disparos y me habría seguido. Concentré todas mis facultades en un esfuerzo sobrehumano. Me retorcí para liberarme del tentáculo que me aprisionaba y se retiró. Me giré para agarrar a Edith, y al hacerlo, resbalé...y caí. "La radiante forma sobre el Estanque saltó suavemente...y derecha hacia ella, corrió Edith, ¡abriendo los brazos para escudarme de eso! ¡Dios!
"Se echó sobre ella directamente, con toda su fuerza," susurró. "Enrroscó sus remolinos a su alrededor. Los tintineos de cristal sonaron más jubilosamente. La luz la recubrió, corriendo alrededor suyo y atravesándola, como había hecho con Stanton; y se precipitaron sobre su rostro...¡su mirada!
"pero su ímpetu la había llevado al mismo borde del Estanque de la Luna. Se tambaleó; cayó...con la luz aún agarrándola, aún moviéndose y remolineando alrededor y a través de ella...¡En el interior del Estanque de la Luna! Se hundió, y con ella se fue...¡El Morador!
"Me arrojé al borde del Estanque. Abajo, a lo lejos, había un resplandor, una nube nebulosa de muchos colores que descendía; fuera de ello, asomaba la cara de Edith, desapareciendo; sus ojos miraron arriba, hacia mi...¡y desapareció!
"Y entonces, la oscuridad cayó sobre mi. Recuerdo haber corrido a través de los luminiscentes corredores y hacia fuera, al patio. La razón me había abandonado. Cuando regresó, yo estaba lejos, en el mar, en nuestro bote, completamente alejado de la civilización. Un día despues fui recogido por la goleta en la que llegué a Port Moresby.
"He formado un plan; debes calibrarlo, Goodwin..." Cayó sobre su litera. Me incliné sobre él. El agotamiento y el alivio por contar su historia, habían sido demasiado para él. Durmió como un muerto.
Toda aquella noche le velé. Cuando llegó el día, fui a mi habitación para procurarme, yo tambien, algo de sueño. Pero mi vigilia me había dejado intranquilo.
Al siguiente día, la tormenta no había aminorado. Throckmartin apareció en el almuerzo. Había recuperado mucha de su anterior intranquilidad.
"Ven a mi cabina," me dijo. Una vez allí, se quitó la camisa. "Algo está ocurriendo," dijo. "La marca es más pequeña." Era tal y como decía.
"Estoy escapando," susurró alegremente, "Si pudiera llegar a salvo a Melbourne, ¡Ya veríamos quien gana! Pues, Walter, no estoy seguro del todo de que Edith haya muerto...tal como concebimos la muerte...ni ninguno de los demás. Hay allí, algún tipo de experiencia ultraterrenal...algún gran misterio."
Y durante todo ese día me habló de sus planes.
"Hay una explicación natural, desde luego," dijo él. "Mi teoría es que la roca lunar es de algún compuesto sensible a los rayos lunares; algo así como el metal de selenio a los rayos del sol. Los pequeños circulos de la parte superior son, sin duda, su agente operativo. Cuando la luz les alcanza, ponen en marcha el mecanismo que abre la losa, igual que se pueden abrir puertas con luz eléctrica o solar mediante una ingeniosa disposición de células de selenio. Aparentemente toma su fuerza de la luz de la luna, tanto para hacer esto como para convocar al Morador del Estanque. Primero intentaremos una concentración de los rayos de la luna creciente sobre esos círculos para ver si podemos abrir la roca. Si funciona, podremos investigar el Estanque sin ser interrumpidos por...por...lo que emana de él.
"Mira, aquí, en la carta, están sus localizaciones. He hecho un duplicado para tí en el caso...de que algo...me ocurriera. Y si yo caigo...irás tras nosotros, Goodwin, con ayuda...¿No es así?"
Y de nuevo, prometí.
Un poco más tarde, se quejó de una creciente somnolencia.
"Pero es sólo agotamiento," dijo. "No es como ese otro amodorramiento. Aún falta una hora para que salga la luna," bostezó por fin. "Despiértame al menos quince minutos antes."
Se tendió en su litera. Me senté pensativo. Volví en mi con un sentimiento de culpabilidad. Había estado completamente absorto en mis profundas preocupaciones. ¿Qué hora era? Miré a mi reloj y salté hacia el ojo de buey. Era plenilunio; el orbe había asomado, hace por lo menos media hora. Me lancé sobre Throckmartin y le apreté por los hombros.
"¡Arriba, hombre, rápido!" exclamé. Se incorporó adormilado. Su camisa se abrió hasta el cuello y observé, asombrado, la banda blanca que rodeaba su pecho. Incluso bajo la luz eléctrica, brillaba suavemente, como si tuviera pequeños flexos de luz incrustados.
Throckmartin parecía sólo medio despierto. Miró hacia abajo, a su pecho, vió la banda resplandeciente, y sonrió.
"Si," dijo amodorrado, "se acerca...¡para llevarme con Edith! Bien, me alegro."
"¡Throckmartin!" grité. "¡Levanta! ¡Lucha!"
"¡Luchar!" dijo él. "No sirve; ¡Ve tras nosotros!"
Se acercó a la escotilla, y adormiladamente, descorrió la cortina. La luna trazaba un amplio sendero de luz, directamente hacia el barco. Bajo aquellos rayos, la banda sobre su pecho brilló con más y más intensidad; lanzaba pequeños rayos; parecía retorcerse.
Las luces se apagaron en el camarote; evidentemente otro tanto ocurría en el resto del barco, pues escuché gritos arriba.
Throckmartin permanecía aún ante la escotilla abierta. Sobre su hombro, vi un resplandeciente pilar recorriendo el rayo de luna hacia nosotros. Por la ventana penetró un resplandor cegador. Atrajo a Throckmartin contra si, asiéndole con una soga de opalescencia viva. La luz emanó de él, y a través suyo. El camarote se llenó de murmullos...
Me invadió una ola de debilidad, enterrándome en las tinieblas. Cuando recuperé la consciencia, las luces del camarote ardían de nuevo, brillantes.
¡Pero de Throckmartin no había ni rastro!
Aquí terminaba el relato original "The Moon Pool". Posteriormente, Merritt publicó una continuación titulada "The conquest of the Moon Pool", y, por ultimo, refundió ambas novelas cortas en una, que es la que os presentamos.
A mediados de Julio: los capitulos 5 y 6
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