LOS NUEVOS "HOMBRES AUDACES"

      Antes de la guerra civil española, Editorial Molino se había convertido en la más importante editorial española de literatura popular. En 1936 había comenzado a publicar «Hombres Audaces», colección en la que se publicaban las aventuras de cuatro famosos héroes del pulp americano: Doc Savage, La Sombra, Pete Rice y Bill Barnes. La colección se interrumpiría, casi en sus comienzos, por el estallido de la guerra. El editor, Pablo Molino, interrumpió sus actividades en España y se refugió en Argentina, donde continuó publicando sin novedad.
     Al acabar la guerra, Editorial Molino regresó a España, donde retomaría sus publicaciones aprovechando todo el fondo editorial de lo publicado en Argentina. Pudo reanudar, sin problema alguno, «Hombres Audaces» y otras colecciones, como Biblioteca Oro. De todos modos decidió curarse en salud y comenzar a probar con autores españoles. En su decisión también pudo intervenir el clima ideológico antiextranjero y "pro-españolista", que acabaría adquiriendo carácter de ley cuando en 1944 se prohibió la utilización de seudónimos extranjeros siempre que el escritor fuera español.
    Molino probó a mezclar los materiales, publicando material extranjero un mes y nacional otro, acostumbrando de ese modo a los lectores. Comenzó con «Biblioteca Oro», con El ídolo azteca, de Juan Montoro, seguida poco después por El valle del olvido, de Enrique Guzmán Prado (José Mallorquí), al tiempo que resucitaba alguna colección de la etapa argentina, como «La novela deportiva», del mismo Mallorquí.
     La editorial Molino, antes de la guerra, había contado con un cuadro de excelentes traductores que también hacían sus pinitos con relatos originales para completar algún número de la «Biblioteca Oro» cuya novela principal resultara demasiado corta. Ellos serían las bazas de Molino: José Mallorquí, G. L. Hipkiss, Manuel Vallvé y H. C. Granch.
     Molino creó, en 1942, una nueva colección para probar a sus escritores en un ensayo de creación de personajes pulp españoles:  «Hombres Audaces, Nuevos Héroes».
    «Nuevos Héroes», con una numeración aparte, intentaba mantener la esencia de los personajes pulps americanos, trasladados a un entorno hispano. Por desgracia, algunos de ellos no eran sino una burda copia de los originales, y digo burda, no por la calidad del material, sino por la concepción de personajes, y su carácter imitativo.
 
Hércules, de Adolfo Martí Caja, (Manuel Vallvé López), era, a mi modo de ver, el plagio más descarado de toda la colección. Una especie de Doc Savage hispánico, Hércules Helizondo era un muchachote vasco, fornido y sanote, ingeniero de minas (suena a coña, pero es así), y poseedor de una fuerza física excepcional (seguro que era RH negativo), que hacía que le llamaran "El hombre de acero" (¡Ojo! no de bronce, sino de acero, supongo que por aquello de los altos hornos del país vasco). Mientras nuestro amiguete Doc acababa siempre con la camisa rota, el sanote bilbaino Hércules la llevaba arremangada, como si de un pelotari se tratara, o lo que es peor, al estilo de los muchachos de Falange.

    Hércules, cómo no, tenía un grupo de colegas que, a imitación de los de Doc, complementaban sus habilidades con las del joven ingeniero de minas: un militar retirado (Mauricio Maldonado), un médico argentino (Dr. Diego Arroyo ), un criado madrileño (Pepe Ruiz) y un ingeniero sueco (Roald Storm).

    Sus novelas no estaban mal escritas, y contra lo que pueda parecer por su aspecto de joven guerrero del régimen, estaban por completo desprovistas de carga política. Las ilustraciones, de E. Vicente, eran bastante majas. Sin embargo, esta serie no podía funcionar, siendo como era, una mera copia de Doc Savage. Como el original no hay nada. 

    Otro lastre, y gordo, lo suponía el hecho -inverosímil- de que sus aventuras comenzaran transcurriendo en España. Este elemento cambió muy pronto, trasladándose nuestro ingeniero pelotari a los más exóticos rincones del mundo. Fue inutil. Hércules duró seis números:

(3). El hombre de acero. Dic 1942
(7). La máscara sardónica. Mar 1943.
(11). Perlas y tiburones. May 1943.
(15). La estampida humana. Jul 1943
(19). La muerte alada. Sep 1943
(24). El rayo paralizador. Dic 1943.


 
Tres hombres buenos, de Amadeo Conde (seudónimo de José Mallorquí), fue la colección dedicada al género del western, intentando competir con Pete Rice. Hay que decir algo a favor de Mallorquí (bueno, hay que decir muchas cosas a su favor), y es que no intentó plagiar al personaje de Rice, ni imitarlo de manera alguna. Se limitó a hacer una buena serie de Western, original en su planteamiento, y que comenzó a hacerle sentirse cómodo con ese género. La serie, evidentemente, no se desarrollaba en España, y su protagonista, César de Guzmán, era descendiente de españoles, pero nacido en California. Junto con sus dos compañeros Diego de Abules (mexicano) y Joao de Silveira (portugués), vivían sus aventuras en el Oeste americano, junto con sheriffs, vaqueros, diligencias, jugadores... Este alejamiento de la España de entonces, funcionó bastante mejor que en el caso de Hércules, pues al fin y al cabo, de eso se trataba, de huir a otras tierras, donde todo podía suceder. Las portadas e ilustraciones interiores corrieron a cargo de Riera, Lozano Olivares, J.Juez, y C.Freixas.  La serie duró 14 títulos:
(2). Tres jinetes negros. Nov 1942.
(5). La marca del cuatrero. Feb 1943.
(8). Hombres de paz. Abr 1943.
(18). La ley de los 45. Sep 1943.
(23). La legión del suroeste. Nov 1943.
(27). La línea maldita. Feb 1944
(30). Entre dos montañas. Jun 1944.
(33). La sangre de Abel Fearson. Sep 1944.
(36). El valle de los hombres sin Dios. Dic 1944. 
(38). Tres hombres malos. Mar 1945.
(41). Por la ley y el orden. Jul 1945.
(44). La horda blanca. Abr 1946.
(47). Ha muerto un rural. Oct 1946.
(50). El naipe fatal. Ene 1947. 
Ciclón, de M. de Avilés Balaguer, (otro pseudónimo de Manuel Vallvé López), fue la primera en aparecer, y era una evidente copia de Bill Barnes, el aventurero del Aire. Presentaba las peripecias de Fernando Aguirre «Ciclón» y sus audaces compañeros. 

     Atentos a la publicidad: "Ciclón. La lucha llevada a los espacios. Cual nuevos caballeros en jinetes de aluminio y acero. Ciclón y sus compañeros luchan, entre las nubes, por la ley y el orden". Las ilustraciones interiores, corrieron a cargo del genial Bocquet.

    Ciclón se llamaba en realidad Fernando de Aguirre, y era natural de Santander. Al igual que Barnes tenía un equipo, compuesto en su caso por dos andaluces, un vasco (Santi  Echetorena), un argentino, un alemán: Conrad Kroeger, (ojo a la germanofilia) y un indostánico (Mootar Bin), por aquello del toque exótico.

    Al igual que ocurrió con Hércules, -escrito, por cierto, por el mismo autor-, la serie se canceló muy pronto, publicándose sólo seis números,  los cuales fueron:
 
 
 

(1). El rayo de luz. Oct 1942.
(4). El dragón alado. Ene 1943.
(9). Viento de locura. Abr 1943.
(13). La isla de Molokai. Jun 1943.
(17). Alas doradas. Ago 1943.
(22). Piedras preciosas. Nov 1943. 

 

Duke, de J. Figueroa Campos (otro pseudónimo de José Mallorquí), trataba el género policiaco y de aventuras, presentando una curiosa mezcla del Jim Wallace, de Nick Carter, y de Doc Savage. Duke era, a mi juicio personal, un personaje entrañable, y sus novelas enormemente entretenidas. Duke Straley, era un millonario neoyorkino, que dedicaba su ocio a resolver entuertos, ayudado, claro, por Elizabeth Straley, Bob Dennison, Susana Cortiz, Max Mehl y otros. El hecho de que el personaje fuera extranjero, y de que sus aventuras trancurrieran en los Estados Unidos, otorgaba cierto encanto que con otros héroes se había perdido. Seamos sinceros, no es lo mismo una persecución en coche por la calle Montera de Madrid, que por las calles de Brooklyn, la verdad. 
     Duke, en ese sentido, recuperaba el glamour de los anteriores héroes, y anticipaba, en cierto modo, al diletante-detective-aventurero de El encapuchado, pero sin capucha, claro.

      Nacida en 1943, (última en aparecer), Duke supuso un chorro de aire fresco ante tanto héroe español. En sus persecuciones, empleaba un increible coche de 120 caballos provisto de una estruendosa sirena que no tenía reparos en hacer sonar, pero, además, estaba surtido de toda clase de gadgets tecnológicos al más puro estilo James Bond. Evidentemente, tenía una novia, Susana Cortiz, y acabó desposándola en el último número de la serie, el décimo, pasando a dedicarle a su mujer, los ratos de ocio que antes empleaba para perseguir criminales, sectas orientales y científicos locos. Tanto las portadas como las ilustraciones interiores tuvieron a dos prestigiosos dibujantes: Carlos Balitó (pseudonimo de Carlos Freixas) y Bocquet.

Relacion de titulos publicados:

(14). La formula Hanzer.  Jul. 1943
(21). Aire Liquido. Oct. 1943
(26). El misterio de los diez secuestros. Ene. 1944. 
(29). Los diez dragones de Confucio. Mayo 1944.
(32). Duke y sus cuarenta detectives. Ago 1944.
(35). La muerte llamo rtes veces. Nov. 1944
(39). En lucha contra X. Mayo 1945.
(43). La sentencia del Dr. Muerte. Marzo 1946.
(46). El misterio de la barba roja. Jun 1946.
(49). La marca de los cuatro. Nov. 1946 
Yuma, de Rafael Molinero (G. L. Hipkiss), era la versión hispánica de La Sombra, y su imagen había sido tomada, no del personaje concreto de Maxwell (W. Gibson) Grant, sino, curiosamente, del doctor Palermo, malísimo maloso, adversario de La Sombra en el número seis de la colección: "La torre de la muerte". El tal Palermo usaba en la portada de aquel cuaderno, una capa con capucha, y una expresión siniestra. Aunque algunas fuentes señalan que dicho personaje era la mismíma Sombra. Es muy posible, pues en las portadas de la Sombra que Ed. Molino publicó a su regreso a España (en la originales yanquis y en las Argentinas no ocurría), aparecía, en pequeñito, dicho personajillo, acechando siempre abajo, junto al título del cuaderno ¿Sería otro "look" de la Sombra?. Cuando se decidió plagiar a La Sombra, en lugar de plasmar a una figura de negro, con sombrero y bufanda, la atención de los creadores se enfocó en ese molesto personajillo que asomaba su siniestra cara en todas las portadas de La Sombra, pero que no era La Sombra. Allí tenían a Yuma. El malvado Palermo
el tipejo de La Sombra
  La verdadera identidad de Yuma era Ramón Trévelez, un español evidentemente millonario, de origen americano. Trévelez ha construido en Barcelona -que no está en ruinas, y en la que no ha habido guerra-, el Instituto de Inventores e Investigaciones Científicas, para patrocinar por amor a la ciencia, toda clase de experimentos. 

   Pero, en realidad, el Instituto, ubicado en el monte Tibidabo es, además, la tapadera del cuartel general de Yuma, alter-ego de Trévelez, poseedor de una capa con capucha capaz de volver invisible a quien se la ponga, amen de todo tipo de gadgets cientificos que desarrolla en los portentosos laboratorios que alberga su morada. 

   Es curioso que esta cualidad de La Sombra, que se había dado en su versión radiofónica y Hollywoodiense, no se viera reflejada en los pulps. La Sombra de los pulps no era invisible: eso de "nublar la mente de los hombres..." se había quedado en el cine y la radio. Pues Yuma lo aprovechó. Para asustar a los malosos, dejaba ver su rostro, pálido y sonriente, suspendido en el aire, y sin cuerpo aparente.

     Otra deuda con los pulps americanos, además de los tópicos habituales, como científicos locos, archicriminales, o rayos desintegradores, lo suponen las armas adormecedoras y el "tratamiento" de pérdida de memoria al que el señor Trévelez somete a los criminales, en la Selva del Yucatán. Ni más ni menos, les borra la memoria, para convertirles en aptos para la sociedad. ¡Qué bruto!. Doc Savage hacía lo mismo, por cierto, con su famosa "operación", versión ingenua y crédula de la lobotomía.
    Un hecho curioso: el segundo apellido (británico) de su autor, llevó a sospechar a los guardianes del nuevo régimen, la posibilidad de que filtrara, a través de sus novelas, mensajes secretos a los aliados. Como no podían probar dicha sospecha (bastante absurda, la verdad), permitieron publicar las novelas, pero alterando el orden cronológico, de modo que hasta el número 5 (Una conspiración diabólica) no pudo leerse el primer número.
     Al igual que la Sombra, Yuma tenía un ejército de agentes, cada uno con el código de una letra: el euroasiático K, R (en realidad la brillante doctora Dolores Arana, amor de Ramón Trévelez), y otros muchos. Las ilustraciones interiores, excelentes, eran obra del famoso Jesús Blasco.
Se publicaron los siguientes números:
(6). El hombre luminoso. Mar 1943.
(10). La espada del samurai. May 1943.
(12). La torre del dragón. Jun 1943.
(16). La isla de los barcos perdidos. Ago 1943.
(20). Una conspiración diabólica. Oct 1943.
(25). El pirata fantasma. Dic 1943
(28). El hombre del hongo gris. Abr 1944.
(31). Crimen organizado. Jul 1944
(34). Flor de Loto. Oct 1944.
(37). Las islas malditas. Feb 1945
(40). La casa del cráter. Jun 1945
(42). El prisionero del Teocali. Oct 1945.
(45). Átomos en acción. May 1946
(48). Los siete discos. Oct 1946
Como vereis, en el primer numero aparecia un chino sorprendido, al igual que en el de La SombraRecuerda algo a Juan Tamariz

    En general, "Nuevos Héroes" no fue  un experimento demasiado exitoso. El carácter plagiario de la colección, y la poca credibilidad de que esas cosas pudieran ocurrir en España, junto a la versión falsa que daban de la realidad del pais (no había cartillas de racionamiento, ni edificios en ruinas...), provocó que, al menos, ni Ciclón ni Hércules superaran los seis números, dejando la colección a cargo de Hipkiss y Mallorquí, que acabarían pasándose a Cliper, donde desarrollarían sus propios personajes. No obstante, como experimento, la cosa tuvo mucho encanto. Fue la primera oleada de Héroes hispanos que comenzarian a nacer durante los siguientes años.
«Nuevos Héroes» terminó su trayectoria en enero de 1947, con la publicación de "El naipe fatal", perteneciente a la saga de "Tres hombres buenos".

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