los 5f
Un día, el mundo conoció lo que significaba Fantástico. Hace 30 años, surgió un grupo que empezaría una nueva era de prodigios en la Historia: Los 4 Fantásticos.
Hoy, el mundo que les rodea ha cambiado y ellos también. Ahora son los 5 F: Johnny Storm (la Antorcha Humana),Benjamín J. Grimm (la Cosa), Crystal, Franklin Richards (Psi- Lord) y Mary Storm Amaquelin (Spike).
Bienvenido a una nueva era.

THE WORLDS se enorgullece en presentar:

LOS 5 FANTÁSTICOS Nº0: UNO SABE DONDE ESTA EL FINAL por Gonzalo Álvarez- Alija

NEW YORK, LA TORRE DE LAS CINCO LIBERTADES. 8:30 AM

Mary Storm Amaquelin, conocida por la mitad del mundo como Spike, se intentaba levantar con pereza de su cama. Ya llegaba tarde a su clase de Matemáticas.

-Soy miembro de los Cinco Fantásticos, puedo hacer que mi cabello crezca y usarlo como arma y tengo que ir al estúpido instituto.- Pensó mientras se levantaba dando tumbos y salía de su cuarto para dirigirse al baño y ducharse. Tras ello, se dirigió a su cuarto para vestirse rápidamente e ir a la cocina a buscar algo que desayunar.

Spike olía antes de entrar como su tía Susan estaba haciendo sus famosas tortitas de trigo *. Las tortitas favoritas de la joven Strom.

-Buenos días, Tía- Saludo Spike al entrar
-Buenos días, Mary. ¿Has dormido bien?-
-Sí, pero ya vuelvo a llegar tarde. ¿Has visto a Papá?-
-Sí, cariño, se fue temprano con tu tío y con Franklin a atender un asunto importante en no sé dónde.- Respondió Susan mientras colocaba dos tortitas en un plato y se lo daba a su sobrina.
-¿Y mamá?- Preguntó Spike mientras mordía una de las tortitas.
-Creo que aun duerme.-
-Pues no les digas que me quede dormida de nuevo. Si se enteran me castigaran sin salir durante una semana. ¿Lo harás?-
-Yo no te he visto. Para mí eres invisible- Sonrió Susan mientras miraba de reojo a Spike.- Y ahora vete antes de que te vean.-

Spike asintió, cogió su mochila y bajo por el ascensor a la planta de la calle.

-Buenos días, Señorita Mary- La saludó Roberta, la secretaría robótica de los 5 F.
-Hasta luego, Roberta... Y llámame Spike ¿Quieres?-
-Lo intentare, Señorita Mary. Que tenga un buen día.-

*Nota del autor: No tan conocidas como las de la tía de cierto Héroe Arácnido
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CASA DE ALICIA MASTERS. AL NORTE DE ARIZONA. 9: 30 A. M

Benjamín J. Grimm, Más conocido como la adorable Cosa de ojos azules, permanecía sentado en la cocina de aquella bien decorada casita refugió de su amiga y confidente, Alicia Masters degustando una taza del mejor café que hubo bebido nunca y leyendo la prensa del día.

-¡Dulce Tía Petunia!- Bramó la Cosa.-¡Ese tal James Alpha se merece un buen puñetazo!-
-No te sulfures, Ben, eso no es bueno.- Le tranquilizó la dulce Alicia quién fregaba los platos de su desayuno.
-Lo siento, muñeca.- Se disculpó Ben.-Es que no me agrada leer pamplinas de un necio que usa argumentos reciclados en contra de los Mutantes.-
-Lo entiendo, cariño, pero estas aquí para descansar y no para estar de mal humor.-
-Sí, ya empiezo ha paréceme en mi carácter al Doctor Muerte.- Bromeó la Cosa tras apurar su café-Aunque después de lo que he vivido, tengo motivos para estar algo mosqueado con el mundo.-
-Pero ahora las cosas van bien.- Explicó Alicia.- Mis obras se venden muy bien, al rejuvenecer cuando Reed intentó salvarme la vida al ser alcanzada por ese rayo Skull, la artritis de mis manos desapareció y, lo más importante, te tengo a ti, mi querido Ben.-
-Yo también me alegro de estar aquí contigo, Alicia.- Reveló la Cosa antes de encender uno de sus puros.-Espero que no suceda nada malo mientras me tomo este fin de semana libre.-
-Te preocupas demasiado, Ben. Incluso el más fuerte de los héroes necesita un poco de descanso.-

La Cosa dio una honda calada a su puro y miró a Alicia con complicidad.

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RAVENCROFT. 11: 43 A. M

Los pasillos estaban silenciosos. Ni un ruido enturbiaba la paz de aquel recinto, tan solo se podía oír el sonido de las pisadas del Doctor Mark Hucklebone dirigiéndose a su cita con su paciente más extraño de los que había tratado en los cuatro años que llevaba allí.

El doctor Hucklebone abrió la puerta de la habitación 614. Todo estaba en sombras, por no ser por la luz que entraba por la ventana enrejada que había en la estancia. La figura en silla de ruedas miraba pensativo al exterior.

-Buenos días, Doctor. Le esperaba con impaciencia.- Saludó el paciente.
-¿Cómo te encuentras de tus migrañas hoy, Pietro?- Se interesó Mark mientras se sentaba en una silla cercana.
-Mejor.- Pietro se volvió a donde se encontraba el doctor. Las facciones de Pietro Maximoff eran más marcadas. Sus ojos poseían una luz apagada que, junto a sus ojeras, le daban un aspecto temible. Sus labios marcaban un sentimiento de dolor constante y su barbilla abrigada por una perilla parecía contener algo diabólico.
-¿Sabe? Tuve un sueño muy raro anoche. Revivía el día en el que me quede sin la movilidad de mis piernas.- Relataba Pietro.
-¿Te refieres a aquel día tan... fatídico?- Matizó el Doctor Hucklebone.
-Sí... El día que Storm me hizo esto...- Susurró Pietro.-Luego, tras encontrarme en el suelo oliendo como mi carne se quemaba y el dolor me inundaba veía una figura negra que me invitaba a partir con ella. Una figura que conocía pero no sabía de que... Después desperté.-

Mark apuntó unas cosas en su block y miró con una sonrisa a Pietro.

-Me interesa saber como te sientes con respecto a tu odio hacía los que llamabas tus "Demonios" ¿Sabes a quién me quiero referir?- Preguntó Mark
-Sí, Doctor. Claro que si... Eran Storm, sus compañeros y mi ex esposa Crystal.-
-¿Aun sientes eso?-
-Algunas veces- Pietro bajó su cabeza y apretó los puños.- Antes era el Mutante más rápido del mundo. El mejor. Y ahora míreme... Estoy confinado en una maldita silla de ruedas por culpa de mis errores.-
-¿Qué errores?- Se interesó el doctor.
- El haber sido tan orgulloso como lo fui, el haber conocido a mi Padre, el biológico y creerle capaz de cambiar e incluso... Incluso haber conocido a mi querida Crystal.-
-De haber tenido a tu hija Luna no te arrepientes ¿No es así?-
-No, es lo único bueno que puede que hiciera en toda mi vida.- Respondió con voz temblorosa Pietro.
-Has mencionado a tu Padre biológico... Magneto. ¿Por qué lo mencionaste?-
-No lo sé, Doctor. Fue un acto reflejo. Nada más.-
-Háblame de tu hermana.- Sugirió el doctor Hucklebone mientras apuntaba más cosas en su block.
-¿De Wanda?- Se extrañó Pietro.- Desde que estoy aquí no he sabido nada de ella. Entonces era una Vengadora. Siempre estuvimos muy unidos, hasta que Crystal y Magneto se cruzaron en mi vida.-

El Doctor miró su reloj.

-Tu hija ya debe de estar al venir para verte, Pietro y creo que hemos acabado por hoy nuestra sesión. Mañana a la misma hora vendré a verte."-

Mark se levantó de la silla y se dirigió a la puerta.

-Doctor.- Le llamó Pietro.
-¿Sí?-
-Llaméeme Mercurio, a fin de cuentas Pietro Maximoff murió cuando me quemaron la espalda.-

El paciente de la habitación numero 614 se quedó de nuevo solo.
Pietro aun seguía pensando en el tiempo que estaba allí confinado. Quince años sin saber nada de su familia, ni de los escasos amigos que tenía, solo con las sombras tanto de su habitación como de su mente.
Pietro Maximoff, el gran Corredor. Pietro Maximoff, el buen héroe. Pietro Maximoff, el detestable Marido y Padre... El ser orgulloso de sus errores. Así era él.

La puerta de la habitación se abrió de nuevo. Entonces entro una chica de cabello pelirrojo y largo, brillantes ojos de un verde azulado y un cuerpo similar al de su madre. Esa chica era Luna.

-Hola, papá.- Sonrió Luna.
-Luna, me alegra mucho que vengas, pero... ¿Qué pensara tu madre si me vienes a ver tanto?- Preguntó Pietro.
-Mamá ya no tiene porque estar encima de mí. Soy mayor para decidir sobre mi vida.-
-Además de guapa.- Sonrió Pietro mientras se dirigía con su silla de ruedas a donde se encontraba su hija.- Te pareces tanto a tu madre, a mi querida Crystal.

Pietro tomó aire y siguió hablándole con ternura a su hija.

-Luna, sé que no he sido lo que se dice un buen padre... Siempre estaba ausente y tuve ciertos ataques de locura, el ultimo me llevó a estar en esta como me ves ahora... Solo quería decirte que... Lo siento... Lo siento mucho.-

Luna tomó con ternura la mano derecha de su padre y le miró con ternura.

-Lo sé, papá.- Susurró.- Y también sé que aprendiste una muy dura lección de todo ello, pero aun me quedan muchas cosas por entender de ti... Y quiero que me ayudes a hacerlo.-
-Con gusto lo haré, mi pequeña Luna.- Asintió Pietro.

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MIDTOWN HIGH SCHOOL. 12: 15 P.M

-¡Spike!- Oz llamó a Mary con voz ahogada, pues estaba corriendo tras de ella .
-Me preguntaba donde te habías metido, Oz.-
-He tenido unos asuntos que solucionar, Encanto- Respondió con descaro el joven de pinta desaliñada.- Oye, ¿has decidido ya el tema de si podré visitar la torre de los Cinco Libertades?
-Aun no sé nada.- La sequedad se hizo con las palabras de Spike.
-¡Vamos! ¡Llevamos seis meses saliendo! ¿No crees que ya es hora de que conozca a tu familia?-
-No lo sé, Ozzie- Spike se mordió el labio en señal de duda.- Me encanta estar contigo. Me entiendes, me animas, me tratas muy bien y... Lo haces bastante bien, para que engañarnos, pero mi familia es muy...-
-¿Rara? ¿Peculiar? ¿Distinta?-
-Todo eso y más. Son héroes, ¡Por Dios! Para ellos cualquiera es poco.- Mary se llevo la mano derecha a la frente.
-Pero yo, Señorita Mary Storm, no soy cualquiera. Soy tu novio.- Aulló Oz
-Con 16 años como tengo, mi padre y mi madre piensan que soy muy joven para salir con chicos.- Aclaró Mary tras abrir su taquilla y sacar su libro de Historia.
-¿Joven?- Se rió Oz.- A tu edad, y según lo que he leído, tu padre ya salió con más de tres chicas en un mismo año, y no creo que fuera para hacer Marshmallows con la ayuda de sus poderes flamígeros.-

Ambos se rieron ante la idea visual de ver a la Antorcha asando Malvaviscos con una chica semidesnuda. Justo entonces, Despistada como estaba, Spike tropezó con una chica haciendo que las dos cayeran al suelo torpemente.

-¿Cómo no? Tenía que ser May Parker con la que me tropezara.- Respingó Mary desde el suelo mientras intentaba levantarse.
-Te recuerdo que eras tú la que iba distraída, Strom.- Manifestó May momentos antes de recoger sus libros del suelo.
-¿Estas diciendo que soy una Torpe, Parker?-
-Yo no he dicho nada de eso, pero si tu piensas eso a lo mejor...-

Mary miró fijamente a May. Saltaban chispas entre ellas dos.

-Déjalo, Spike.- Aconsejó Oz.- No merece la pena que te pongas así.-
-Porque eres más alta que yo y no quiero problemas contigo, Parker- Murmuró Spike.- De lo contrario...-
-¿Qué? ¿Mandarías a la Cosa que me diera unos azotes?-
-¡Eh, chica! ¡No vayas buscando bulla!- Le dijo Davida, la mejor amiga de May, a esta.-Déjalo estar.

Ambas se fueron cada una por un lado, sin mirarse ni siquiera.

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CASTILLO MUERTE, MUERTESTADT, LATVERIA. SEIS HORAS DESPUÉS.

Un zumbido incesante sobrevolaba en la sala de "Refugio", una estancia que el amo y señor de aquel basto recinto denominó así por ser el único en el que su torturada mente podía ser silenciada.

Cuatro Sirviente sintéticos, maquinas con dictámenes programados por un hombre digno de admirar por su inteligencia, esperaban inmóviles que su creador saliera de aquella cámara de titanio con un liquido con cualidades mágicas e inverosímiles que daba una paz interior al individuo allí sumergido.

El señor del castillo emergió de la cámara torpemente en busca alguno de sus autómatas de frió metal que le sujetaran. Y así lo hicieron.

Los Sirvientes secaron a su creador, le vistieron con una túnica roja, le colocaron su capucha para tapar su rostro y le vendaron las manos y pies.

-Amo bendito, sus súbditos se impacientan- Le informó uno de los androides a su señor.-Se especula que ha enfermado o muerto.-

El monarca de Latveria no dijo nada. Tan solo camino a sus aposentos seguidos de sus Sirvientes de metal.

-Pues mi fiel pueblo vera con sus propios ojos que su rey no ha fallecido- Murmuró el Señor supremo de aquel fúnebre castillo.-"¿Esta ya lista mi armadura?
-No, Amo bendito, todavía no.- Negó uno de los androides.
- ¿Y a que se debe esta inepta actitud de mis técnicos, Servo- Guardia?- Los ojos del individuo centellearon con un ardor muy inquietante. Un ardor de ira tal vez.- Comunica a mis hombres que mi armadura debe estar lista para dentro de cinco minutos o mandare que les castiguen por su suma incompetencia.-
-Así se hará.-
-Ahora retiraros, vuestro amo desea descansar-

Los sirvientes se retiraron en silencio, dejando absorto en sus pensamientos al monarca de toda Latveria. Allí, de pie, con los brazos cruzados y su mirada perdida en el horizonte que le daba el balcón de sus aposentos.
Un sentimiento de frustración creció en lo más adentro de su ser. Un sentimiento que no era suyo, al igual que muchos de los pensamientos que resonaban en su cerebro como truenos de una tempestad de ingenio y locura.

Luego, sus ojos miraron a un espejo cercano. El reflejo de su rostro entre penumbra le parecía grotesco, casi cruel hacia la Naturaleza.

-¡Ese no es mi rostro!- Gritó en un ataque de cólera golpeando el espejo y rompiéndolo y saltando miles de pedazos.-¡Oídme, Muerte tendrá su merecida venganza o morirá en su intento!-

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TORRE DE LAS CINCO LIBERTADES. 18. 32 P. M

Quelín corría por el pasillo que daba al salón principal de su hogar. Pasillo que recorrieron igual que él, sus primos Franklin y Valeria o su hermana Mary.
En dicho salón se encontraba su prima Valeria jugando con la videoconsola y sentada en el suelo.

-¿Qué hay de nuevo, Primita?- Preguntó Quelín con tono musical.
-Espera que me maten y soy toda tuya, Quelín.- Explicó ella.
- GAME OVER- Emitió la maquina.

Susan Storm Richards asomó la cabeza por el marcho de la puerta que daba al laboratorio personal de Reed Richards.

-Chicos, No hagáis mucho ruido, El tío Reed esta trabajando en uno de sus inventos y necesita concertación.-
-Lo sentimos, Mamá.- Se disculpó Valeria.
-Sí, Tía Susan... No queríamos molestar- Secundó Quelín.
-Lo sé, chicos.- Les guiñó un ojo Sue mientras entraba de nuevo en el laboratorio de su marido.
En aquel cuarto, lleno de tubos de ensayo, probetas y maquinarías de diversos usos, se ocultaba Reed Richards, el mayor genio del mundo. Su aspecto era algo distinto. Poseía unas entradas marcadas, acompañadas de unas profundas arrugas en su frente. Sus facciones dejaban ver arrugas y unas ojeras de la falta de sueño por sus sesiones de investigación nocturna.

-Reed, cariño.- Musitó Sue.- Deberías descansar un poco. Ya no tienes edad para hacer tantos esfuerzos en tus experimentos sin comer algo.-
-No tengo hambre, querida.- Respondió Richards.- Si descubro las propiedades de esta sustancia de la Zona Negativa, tal vez pueda lograr un tremendo avance en el mundo científico.-

Sue hizo invisible el microscopio de su marido.

-¡Sue! - Se quejó Reed.
-¿Estas tan enfrascado en tus teorías y pruebas que te olvidas que tienes una familia que desea estar contigo?- Preguntó Susan.- Tu hija Valeria se sigue preguntando si aun la quieres o no. Reed , te entendemos y queremos, pero a cambio solo te pedimos que ejerzas como marido, amigo y padre.-
-Puede que tengas razón, Sue, como de costumbre- Reed abrazó por la cintura a su mujer.- Pero... desde que decidí dejar de ser Mr Fantástico ante la gente, nunca me he sentido más útil en mi vida que haciendo descubrimientos científicos, pero ahora veo que si algo bonito he hecho es crear vida y querer a mis hijos y a mi mujer.-

El ascensor se abrió, dejando salir de su interior a Johnny Strom y a Crystal, , con cuatro pizzas en sus manos. Al verles, Mandíbulas, el perro de Crystal se levanto del suelo donde estaba tumbado y les saludó moviendo la cola y dándole un lametón a Johnny.

-¡Mandíbulas! ¡Perro bobo!- Se quejó Johnny.- ¡Al suelo! ¡al suelo!

Mandíbulas obedeció.

-¡Gente! ¡Traemos la cena!- Gritó Johnny.

Al cabo de unos minutos, los ocho miembros de aquella dispar familia que se encontraban en el hogar, se sentaron alrededor de la mesa del salón a degustar aquellas pizzas. Risas y conversaciones se sucedían en la cena hasta que Spike, que acaba de llegar a la casa se unió a ellos.

-¿De donde vienes, Jovencita?- Preguntó Johnny a Spike.
-He estado dando una vuelta por el centro comercial.- Respondió ella.
-¡Te la vas a cargar!- Se mofó Quelín de su hermana mayor.
-¡Cállate, Renacuajo repelente!- Refunfuñó Spike.
-Déjala, Johnny.- Le aconsejó Crystal a su marido.- Nosotros confiamos en ella. No haría nada malo. ¿ Verdad, Mary?-
-No, mamá-

La cena prosiguió como si nada.
La familia más fantástica (menos la adorable Cosa) se encontró aquella noche más que nunca como una verdadera familia. Unidos en la paz, juntos en la adversidad.

NOTA DEL AUTOR: Vale, lo reconozco, No hay grandes batallas en esta historia. Pero esperad a las próximas porque nos veremos en mitad de conflictos de medidas fantásticas en las vidas de nuestros protagonistas. No os los perdáis, pues pasaremos lista.