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NUMERO 1: TAN SOLO SOMBRAS por Gonzalo Álvarez-Alija
Ahí estaba yo, Luna Maximoff, caminando un día más para visitar a mi padre. Moviéndome por aquellos pasillos en compañía del doctor Hucklebone, sentí que algo no andaba bien.
-Tu padre hizo grandes avances en su estado mental, Luna.- Me comentaba el doctor con una sonrisa.- Tal vez en cinco meses se encuentre curado del todo.-
-Eso es una gran noticia, doctor.- Respondí.
Justo a tres pasos de la puerta que daba a la habitación de mi padre, una explosión nos sorprendió.
Entre el humo y el polvo, pude ver una figura muy familiar que se acercaba a mi padre.
-¿Abuelo?- Susurré antes de caer inconsciente por el impacto de la explosión, que me había herido en un lado de la cabeza.
PUB "YANCY ST." CALLE YANCY. N.Y. 9:43 P.M.
La luz tenue. La gente hablando. Me arde el estomago.
Siento muchas cosas agolpándose en mí, en nosotros, porque mi amiga Marie decidió huir conmigo. Huir de aquel reformatorio en donde nadie nos iba a comprender.
Nadie entendería a un par de Mutantes como somos nosotros dos.
En la televisión aparece el Presidente. Todos se callan.
-Compatriotas- Comienza a hablar.- En vista de la acusada peligrosidad que no solo representan los Mutantes, si no también los Meta-Humanos, he decidido aprobar la detención de todo ser con poderes, sea o no Mutante. Los primeros en los que recaerá estas detenciones serán los 5 Fantásticos. Sé de antemano que esta decisión nos llevara a un mejor puerto para nuestra sociedad digna.-
Todos abuchearon al presidente. Tiran cosas al televisor.
Siento un mareo. Se me va la vista. Marie duerme en mi hombro. Es tan bonita. Es mi mejor amiga...
-Hey, chicos. ¿Estáis bien?- Oigo decir a uno de los camareros.
-Sí... Solo estamos algo cansados.- Respondo
-Será mejor que os vayáis.- Sonríe.- Aquí no estáis seguros. Estos tipos aun tienen prejuicios sobre vosotros.-
¿Nos está echando? ¿Es eso?
Tomo en brazos a Marie y me dirijo fuera del local.
-¿Dónde nos vamos?- Pregunta ella aun dormida.
-A donde podamos estar cómodos, Marie.-
Oigo ruidos y veo helicópteros dirigiéndose al edificio Baxter.
Siento miedo. Corro por un callejón cercano.
Todo a mi paso está muy oscuro. Temo por Marie, pues es tan delicada.
Me paro delante de un edificio abandonado. Un lugar estupendo para esconderse, para dormir, para que Marie no corra peligro. Sí, perfecto.
Marie se ha vuelto a dormir. La deposito encima de unas mantas dejadas por alguien en una de las habitaciones del derruido piso numero seis.
Debería descansar. Mi estomago vuelve a arder y me da vueltas todo.
Me tumbo cerca de Marie e intento dormir. Lo logro.
Escucho voces. Abro los ojos despacio. Son chicos, mayores que nosotros. Llevan bates de béisbol y cadenas.
-¡Vaya! ¿Qué tenemos aquí?- Dice uno de ellos.- Si son un par de Muties. Bueno, Muties, estáis en nuestro territorio.-
-Lo sentimos.- Digo.- Pero necesitábamos un lugar donde dormir. Dejad a mi amiga que se quede aquí y yo buscare otro sitio para dormir yo. Por favor.-
Ellos me miran. Sonríen con perversidad y dos me cogen por los brazos.
-Creo que os vamos a dar un escarmiento, Muties.- Dice el que me hablo antes mientras coge una lata de gasolina.
El ardor de mí estomago regresa más duramente.
Veo como dos más cogen a Marie. No les dejare... ¡No!
Me libero. Hiero con mis garras a uno de mis captores en la pierna. A otro en un brazo.
Me abalanzo sobre los que sostienen a Marie y les ataco sin piedad. Uno de ellos necesitara cirugía en una de sus manos.
Ordeno a Marie que salga del edificio y me quedo a solas con el listillo de la gasolina y la boca grande.
-¡Te voy a hacer puré de sangre, Mutie!- Grita mientras intenta golpearme con el bate.
Noto como mi vista se nubla. Me lleno de ira. Me lanzo sobre el chico y Aúllo.
Cuando recupero la cordura, veo que está tendido en el suelo, con una profunda herida en la yugular. Le había matado y no quería hacerlo.
Corro a fuera del edificio y me reúno con Marie. No le digo nada de lo que he hecho.
Noto que existe un estado de paranoia que inundaba aquella noche. Hay una "batida" en toda la ciudad buscando "monstruos" como nosotros dos y los ciudadanos de esta ciudad que estaban divididos se unen contra la oscura amenaza del homo superior. Ha comenzado una caza de Mutantes...
-Muy bien... ¡Quieto!- Oigo a mi espalda. Son esos policías tan raros que vi en las noticias hace unos días. Van con sus cascos y armaduras de protección contra amenazas poderosas, contra los nuestros Habían bajado la calle a causa del ruido montado en mi trifurca. - Aléjate de la chica despacio... ¡Y mantén las manos levantadas, que pueda verlas!-
-No.- Gruño.- ¡Atrás! ¡No quiero hacer daño!-
-Y nosotros tampoco lo queremos, muchacho.- Responde uno de ellos.- ¿Por qué no lo pones fácil y te entregas?-
-¡No puedo!- Digo con voz ahogada.
-No creo que acceda, Jim.- Murmuro uno a otro.- Mejor será esposarlo.-
-¿Lo has oído, Monstruito?- Preguntó irritado el que antes me habló.- Tendremos que ponerte las esposas si no te entregas ahora...-
Me lanzo sobre ellos. Oigo a Marie gritarme que no lo haga. Es demasiado tarde para frenarme. Hiero en el pecho de uno de ellos, pero con su chaleco antibalas no le hago gran cosa.
-¡No podéis encerrarnos!- Rujo.- ¡No somos monstruos!-
-¡Quieto ahí, Mutie!- Uno de los amacerados agentes dispara, sin acertarme, pero por muy poco.
Cojo en brazos a Marie y nos alejamos de allí a toda velocidad, escudándonos en las sombras.
No sé como pasó, pero al doblar la esquina me encontre de bruces con seis de aquellos súper policías. Todos apuntan sus armas a mi corazón. No hay salida.
Pongo a Marie a mi derecha.
-No hay otra opción, Marie.- Le murmuro.- Aléjate de aquí ahora y no mires atrás.-
-¡No, Barry!- Grita asustada.- ¡Te mataran!
-¡Aléjese del mutante, señorita!- Ordena uno de los agentes.- ¡No deseamos hacerla daño!
Vi una luz, como la llama de un puro detrás de los policías y oí un "SNKIT". No me preguntaba porque pero me parecía que aquello era bueno.
De las sombras surgió la figura de un tipo con un peinado simulando el de un lobo y cazadora de cuero negro y de su mano parecían salir unas garras, relucientes, afiladas
-Perdón.- Dijo con voz ronca.- Quisiera hablar con esos jóvenes. En privado.-
Nota del Autor:
Continuará. ¿Hacía falta decirlo?